sábado, 1 de agosto de 2026
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América se levanta del borde y firma un 3-3 salvaje ante Pumas

Pumas tuvo el golpe, la ventaja y el filo. América tuvo la insistencia, dos penales y una reacción que convirtió los cuartos en una noche de nervio puro.

América se levanta del borde y firma un 3-3 salvaje ante Pumas
América se levanta del borde y firma un 3-3 salvaje ante PumasFoto · Agencia LIGAMX

El partido tuvo durante mucho rato cara de castigo. América tocaba, insistía, volvía a cargar; Pumas, en cambio, parecía jugar con una navaja escondida en la manga. Cada llegada universitaria llevaba veneno. Cada pérdida azulcrema olía a problema. En unos cuartos de final no siempre manda quien tiene más pelota, sino quien sabe dónde duele el rival, y Pumas lo encontró muy pronto.

Juninho abrió la herida antes de que el partido terminara de acomodarse. A los cinco minutos, el golpe obligó al América a jugar contra dos rivales: Pumas y la prisa. La respuesta de Isaías Violante, apenas unos minutos después, pareció devolverle aire a los locales, pero no calma. El empate no ordenó la noche; la encendió. América empezó a empujar con volumen, con presencia en el área, con esa sensación de que el gol podía caer por acumulación. Pumas no necesitaba tanto. Le bastaba elegir bien.

Ahí estuvo la diferencia emocional del primer tramo. América juntaba pases, más de cuatrocientos al final, con una precisión alta, pero Pumas golpeaba con una eficacia que parecía desafiar cualquier lectura fría. Uriel Antuna apareció antes del descanso para volver a inclinar el partido, justo cuando el empate parecía un piso posible para los de casa. El descanso llegó con el América obligado a corregir sin perder la cabeza.

La entrada de C. Borja al arranque del segundo tiempo fue la primera señal de movimiento, pero el partido todavía guardaba otro golpe universitario. J. Carrillo puso el tercero de Pumas al 52 y entonces la noche se volvió cuesta arriba de verdad. No era una desventaja cualquiera: era un 1-3 en una eliminatoria, con el rival oliendo sangre y con el reloj empezando a jugar también.

América respondió desde el banquillo y desde la insistencia. Entraron piezas, cambió el dibujo o al menos la intención, y el equipo se instaló cada vez más cerca del área. Sus 23 remates explican una parte de la historia, pero no toda: hubo ansiedad, centros bloqueados, disparos que no terminaron de limpiar el camino y un arquero de Pumas obligado a intervenir cuatro veces. La amarilla a Violante y la de Rodrigo López marcaron también un tramo más raspado, menos fino, de piernas pesadas y decisiones al límite.

El quiebre llegó con una revisión. El VAR confirmó penal para América y Henry Martín, desde el manchón, transformó la esperanza en ruido. Ya no era solo empujar: era creer. Pumas, que había sido quirúrgico, empezó a defender una ventaja que se hacía más pequeña con cada ataque. Y cuando cayó el segundo penal, convertido por A. Zendejas al 85, el partido terminó de romperse. América no había encontrado el camino por una jugada limpia, sino por la presión acumulada hasta que el área universitaria dejó de resistir.

El 3-3 no borra lo que hizo Pumas: tres goles con muy poco margen, una noche de pegada feroz y una ventaja que llegó a parecer definitiva. Tampoco esconde lo de América: 57% de posesión, presencia constante en zona de daño y la terquedad de un equipo que se negó a aceptar la derrota cuando el marcador le gritaba lo contrario.

No fue una obra ordenada. Fue un partido con cicatrices, de esos que se recuerdan más por el pulso que por la forma. Pumas tuvo la noche en las manos; América se la arrancó a empujones.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.