sábado, 1 de agosto de 2026
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Argelia y Austria firman un 3-3 de nervio mundialista

Argelia tuvo la pelota y la paciencia; Austria, el filo. En una noche de giros brutales, Mahrez y Kalajdzic escribieron un cierre que no dejó respirar.

Argelia y Austria firman un 3-3 de nervio mundialista
Argelia y Austria firman un 3-3 de nervio mundialistaFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que no caminan: se retuercen. Este, en la tercera jornada de la fase de grupos del Mundial, empezó con esa electricidad incómoda de las noches en las que nadie termina de mandar aunque uno tenga la pelota casi siempre. Argelia la cuidó, la movió, la escondió durante largos tramos. Austria, en cambio, pareció vivir mejor en el golpe seco, en la aparición puntual, en esa forma de competir que no necesita demasiadas palabras ni demasiados pases.

La primera señal de que el duelo venía cargado la dio Marko Arnautovic, amonestado temprano y protagonista después. No se desordenó Austria por esa tarjeta; al contrario, encontró en ella una especie de rabia útil. Cuando el delantero apareció para abrir el marcador, el partido tomó una forma peligrosa para Argelia: mucho control, poca recompensa, y una visita capaz de lastimar cada vez que asomaba.

Argelia no se desesperó. Esa fue su virtud. Con una circulación limpia, casi obstinada, fue empujando a Austria hacia una defensa más larga que cómoda. El dato no explica el alma del partido, pero ayuda a verla: 755 pases intentados, 706 buenos, una precisión de equipo que quiso resolver el laberinto con paciencia. No tuvo tiros de esquina, como si incluso sus caminos hacia el área tuvieran que nacer desde el pie y no desde el balón parado. Y justo antes del descanso, R. Belghali encontró el empate que cambió el ruido del partido. No era solo un gol; era una respuesta moral.

Austria movió el banco al descanso y volvió a pegar. Marcel Sabitzer le devolvió la ventaja en el arranque del segundo acto, en otro recordatorio de que la eficacia también es una manera de dominar. Tres tiros a puerta acabarían siendo tres goles para los austriacos, una estadística que suena menos a número que a cuchillo. Argelia, obligada otra vez a remar, encontró en Riyad Mahrez el punto de calma que tienen los jugadores que no necesitan correr más rápido que todos para pensar antes que todos.

El empate de Mahrez a la hora de partido abrió otro encuentro dentro del mismo. Austria ajustó piezas, Argelia refrescó piernas con una triple modificación y el tramo final dejó de ser una discusión táctica para convertirse en una pelea de pulso. Los argelinos atacaban con la pelota pegada al suelo, con esa mezcla de fe y método; los austriacos esperaban el hueco, el error, el instante. Nadie estaba conforme, pero nadie podía sentirse a salvo.

Entonces llegó el final, y el final fue una sacudida. Mahrez volvió a aparecer en el minuto 90 para poner a Argelia por delante, como si toda la posesión, toda la insistencia, todos esos pases acumulados durante la noche hubieran estado caminando hacia él. Era el gol que parecía cerrar la historia. Parecía.

Porque Austria todavía tenía una respuesta guardada. Sasa Kalajdzic, también en el 90, firmó el 3-3 y arrancó de golpe la sensación de victoria que Argelia ya acariciaba. El partido terminó como había vivido: sin dueño definitivo, con los dos equipos dejando algo sobre la mesa y llevándose algo en el bolsillo. Hay empates que se sienten tibios; este ardió hasta la última pelota.

Redaccion LIGAMX.com
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