sábado, 1 de agosto de 2026
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Argentina caminó por la cornisa y salió viva ante Cabo Verde

La campeona sufrió más de lo que imaginaba en la ronda de 32: Messi abrió el camino, Cabo Verde resistió con orgullo y un autogol en el alargue terminó inclinando una noche de nervios.

Argentina caminó por la cornisa y salió viva ante Cabo Verde
Argentina caminó por la cornisa y salió viva ante Cabo VerdeFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que empiezan como trámite y terminan con todos mirando al borde del precipicio. Argentina tuvo la pelota, la movió con paciencia de equipo grande, la llevó de un lado al otro hasta convertir el campo en un mapa propio. Pero Cabo Verde no fue a posar para la foto. Fue a competir. A esperar su momento. A convertir cada despeje, cada carrera y cada pelota dividida en una forma de resistencia.

La noche pareció acomodarse a la lógica cuando Lionel Messi encontró el gol antes de la media hora. No hizo falta que el partido se rompiera para que Argentina mandara: ya lo hacía desde la posesión, desde esa circulación casi obsesiva que acabó en 849 pases y una sensación permanente de asedio. Diez remates al arco, ocho atajadas del arquero rival, quince intentos dentro del área. El dato, más que decorar, explica el clima: Argentina golpeaba la puerta una y otra vez, pero del otro lado había un equipo que se negaba a caerse.

Cabo Verde sobrevivió primero y se animó después. Esa fue su gran virtud. Con menos pelota, eligió bien sus momentos y le dio al partido una incomodidad que Argentina nunca terminó de sacudirse. El empate de Deroy Duarte cambió el aire. Ya no era una eliminatoria bajo control, sino una discusión abierta, áspera, con los nervios entrando por las bandas y el reloj empezando a pesar más que la posesión.

Argentina movió el banco con Thiago Almada y Lautaro Martínez, buscó piernas frescas y otro filo para una noche que empezaba a torcerse. Cabo Verde respondió también desde los cambios, metiendo energía para sostener el pulso. La amarilla a Kevin Lenini fue una señal de esa fricción creciente: no había comodidad para nadie. Cada avance argentino traía amenaza, pero cada salida africana llevaba una pregunta incómoda.

Cuando Lisandro Martínez apareció en el alargue, el partido pareció encontrar por fin una salida argentina. Fue un gol de desahogo, de esos que no se gritan solo por lo que valen sino por todo lo que aflojan. Pero Cabo Verde todavía tenía una escena guardada. Sidny Lopes Cabral volvió a empatar y le devolvió a la noche su cara más salvaje. Argentina, que había acumulado pases, tiros y dominio, estaba otra vez atrapada en un partido que no quería obedecerle.

Entonces llegó el desenlace menos pulcro y quizá el más cruel. Un autogol de Diney Borges inclinó la eliminatoria cuando ya no quedaba margen para pensar demasiado. No fue una obra de museo ni una sentencia brillante: fue fútbol de alargue, de piernas pesadas, de áreas cargadas y decisiones tomadas bajo presión. Argentina lo aceptó como se aceptan estas victorias: con alivio antes que con sonrisa.

Gonzalo Montiel vio amarilla cerca del final, otro rastro de una noche jugada con el pulso alto. Argentina avanzó, sí, pero no salió intacta. Cabo Verde se fue derrotada y, aun así, enorme en su terquedad. En la ronda de 32 del Mundial, la diferencia no estuvo en la comodidad del favorito, sino en su capacidad para seguir de pie cuando el partido ya había dejado de ser suyo. A veces sobrevivir también es una forma de autoridad.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.