sábado, 1 de agosto de 2026
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Argentina resucita a tiempo ante un Egipto que rozó el golpe

Argentina vivió al borde del abismo en octavos, falló un penal, quedó dos veces contra la pared y terminó volteando a Egipto con goles de Romero, Messi y Enzo Fernández.

Argentina resucita a tiempo ante un Egipto que rozó el golpe
Argentina resucita a tiempo ante un Egipto que rozó el golpeFoto · Agencia LIGAMX

La noche tuvo ese olor espeso de los partidos que se tuercen antes de que uno entienda por qué. Argentina tenía la pelota, la movía con paciencia, juntaba pases como quien intenta abrir una caja fuerte, pero Egipto encontró una grieta y metió el miedo en el cuerpo. En octavos de final no hace falta dominar demasiado para cambiar el clima: alcanza con pegar primero. Y. Ibrahim lo hizo antes de que el partido se asentara, dejando a Argentina con el control del balón y la urgencia clavada en la espalda.

El golpe pudo tener respuesta inmediata, pero el fútbol también castiga desde el silencio. Lionel Messi falló un penal y esa escena, tan rara como poderosa, pareció congelar por un rato a los argentinos. No era solo una ocasión perdida; era la sensación de que el partido estaba eligiendo otro camino. Argentina siguió insistiendo, sí, con una circulación limpia, de esas que explican el 64% de posesión y una precisión alta en el pase, pero Egipto no necesitaba discutirle la pelota para hacerle daño. Su plan era más corto, más áspero, más directo.

Hubo un aviso que el VAR apagó por una falta, cuando M. Ziko creyó haber ensanchado la herida. Fue una pausa extraña: alivio para Argentina, frustración para Egipto, y la certeza de que el partido seguía caminando sobre un cable. Pero Ziko no se fue del encuentro. Volvió a aparecer y esta vez el golpe contó. El 2-0 egipcio puso a Argentina en un lugar incómodo, casi brutal: mucho balón, muchas llegadas, demasiada obligación y ningún margen para la estética.

Entonces el partido cambió de temperatura. Las modificaciones argentinas alrededor de la hora de juego no trajeron una revolución inmediata, pero sí otra energía. Entraron piernas, oficio, una forma distinta de ocupar el campo. Argentina dejó de parecer un equipo que buscaba la jugada perfecta y empezó a jugar como quien entiende que la supervivencia también se trabaja con rebotes, centros, segundas pelotas y presencia en el área.

El descuento de Cristian Romero abrió la puerta que Egipto llevaba rato empujando para cerrar. No fue un gol cualquiera: fue el que convirtió la ansiedad en persecución. Desde ahí, el encuentro dejó de obedecer al libreto y se volvió una carrera emocional. Egipto, que había sido quirúrgico con dos remates al arco y dos goles, empezó a vivir demasiado cerca de su portero. Argentina, con 19 tiros en total y seis córners, ya no pedía permiso. Atacaba.

Messi, después del penal fallado, encontró su reparación con el empate. No hizo falta adornarlo: apareció cuando el partido ardía y devolvió a Argentina a la vida. En ese momento Egipto sintió el peso de todo lo que había defendido. Las amarillas llegaron como síntomas de un equipo que empezaba a llegar tarde, no solo a las pelotas, también al desenlace.

Y cuando parecía que la prórroga asomaba como castigo compartido, Enzo Fernández puso el tercero. Argentina pasó de la cornisa al festejo en un tramo final feroz, con Egipto desbordado por una noche que tuvo entre las manos y se le escapó. No fue una victoria limpia ni cómoda; fue una de esas que dejan marcas, que mezclan alivio y advertencia.

Argentina no ganó porque el partido le sonrió. Ganó porque, cuando todo se le había puesto en contra, todavía tuvo pulso para morder el último minuto.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.