sábado, 1 de agosto de 2026
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Austria aprende a sufrir y golpea al final ante Jordan

Austria dominó la pelota, perdió el control emocional por momentos y terminó encontrando el camino con un autogol y un penal de Arnautovic.

Austria aprende a sufrir y golpea al final ante Jordan
Austria aprende a sufrir y golpea al final ante JordanFoto · Agencia LIGAMX

Austria tuvo la pelota como se tiene una llave: con la sensación de que tarde o temprano abriría la puerta. Pero Jordan le recordó que en una Copa del Mundo no basta con mandar desde el pase, ni con mover al rival de un lado a otro, ni con juntar más de quinientas entregas para sentirse dueño del partido. El dominio sirve hasta que alguien se atreve a discutirlo.

El equipo austríaco empezó con paciencia, con ese control que no siempre emociona pero sí desgasta. R. Schmid le puso premio a la insistencia antes de que el encuentro entrara en su primera zona de dudas, y el gol pareció acomodar el guion: Austria arriba, Jordan obligado a salir, el partido bajo una administración razonable. La posesión, amplia, hablaba de una selección que quería jugar lejos del desorden. Pero el fútbol no respeta los papeles bien redactados.

Jordan, con menos balón y menos recorrido en campo contrario, encontró vida donde Austria no esperaba. A. Olwan marcó al arranque del segundo tiempo y cambió la temperatura del partido. No fue un golpe decorativo. Fue una advertencia. De pronto, cada pase austríaco pesaba un poco más, cada avance necesitaba una segunda intención, cada pérdida abría una grieta. Jordan no había acumulado dominio, pero sí había conseguido algo más incómodo: sembrar la duda.

Austria reaccionó desde el banquillo. Ya había movido una pieza al descanso con S. Kalajdzic, y luego vinieron más cambios en bloque, con P. Mwene, D. Alaba y X. Schlager entrando para recuperar control y filo. La pelota volvió a circular, aunque el partido ya no era un ejercicio de autoridad sino una pelea por no quedarse atrapado en la sorpresa. Los números lo explican a medias: Austria tuvo más posesión y precisión, pero Jordan terminó con la misma cantidad de remates a puerta. Ahí estaba el peligro, escondido en una noche que no se dejaba cerrar.

El momento más cruel para Austria llegó con M. Arnautovic. Celebró, o al menos amagó con hacerlo, hasta que el VAR encontró una mano y le borró el gol. Ese tipo de jugadas suele partir partidos en dos: o desinfla al que ataca, o lo empuja a insistir con más rabia. Austria eligió lo segundo. Siguió cargando, sin desbocarse del todo, y encontró el 2-1 de la forma menos limpia y más útil: un autogol de Y. Al Arab. En la libreta queda como accidente; en el césped se sintió como consecuencia.

Jordan intentó refrescarse con cambios, buscó piernas para sostener la amenaza y no dejar que el partido muriera en campo propio. Austria, ya con ventaja, tuvo que convivir con la tensión. M. Sabitzer vio la amarilla en ese tramo de pulsaciones altas, cuando el juego empezaba a pedir oficio más que estética. No había margen para adornos. Había que cerrar.

Y entonces Arnautovic, al que la tecnología le había quitado antes su momento, encontró otro desde el punto penal. Su gol al final no fue solo el 3-1; fue una liberación. Austria no ganó porque todo le saliera fluido. Ganó porque no se quebró cuando Jordan le tocó la puerta del miedo. En el primer día de grupo, eso también cuenta: no siempre se entra al Mundial brillando; a veces se entra empujando la puerta con el hombro.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.