sábado, 1 de agosto de 2026
Fútbol de México y Estados Unidos · Liga MX · Mundial 2026
Mundial 2026
cronicaMundial 2026

Bélgica acelera y no deja aire a Nueva Zelanda

Con Trossard como chispa inicial y De Bruyne como dueño del pulso, Bélgica goleó 5-1 a Nueva Zelanda en la tercera jornada de la fase de grupos mundialista.

Bélgica acelera y no deja aire a Nueva Zelanda
Bélgica acelera y no deja aire a Nueva ZelandaFoto · Agencia LIGAMX

Hubo un momento, antes de que el partido se rompiera, en el que Nueva Zelanda todavía parecía capaz de discutirle el guion a Bélgica. No porque mandara, ni porque lastimara demasiado, sino porque resistía con cierto orden, juntaba pases, respiraba con la pelota y obligaba al favorito a trabajar la paciencia. Esa ilusión duró hasta que Bélgica encontró el primer hilo suelto. Entonces tiró de él con una naturalidad cruel.

Leandro Trossard abrió la grieta a la media hora y, desde ahí, el encuentro empezó a tomar la forma que Bélgica quería: campo ancho, circulación limpia, llegadas repetidas y una sensación creciente de que cada ataque podía terminar en algo serio. Nueva Zelanda no se escondió del todo. Tuvo tramos con la pelota, cerró la noche con un 45% de posesión y más de cuatrocientos pases, números que hablan de un equipo que intentó no vivir únicamente del despeje. Pero una cosa es tocar y otra, muy distinta, morder.

El descanso fue un intento de sacudir el tablero. Entraron S. Singh y R. Thomas, y casi al mismo tiempo apareció la amarilla para M. Stamenic, una señal de que el partido empezaba a pedir piernas, nervio y algo más que orden. Bélgica, en cambio, volvió del vestuario con hambre intacta. Trossard golpeó otra vez apenas iniciado el segundo tiempo y convirtió la resistencia neozelandesa en una persecución cuesta arriba.

A partir de ahí, el campo se inclinó. No fue una avalancha descontrolada, sino una presión sostenida, casi metódica. Bélgica terminó con 35 remates, 23 de ellos dentro del área, como si hubiera decidido convertir cada posesión cerca del arco en una pregunta incómoda. Nueva Zelanda se sostuvo cuanto pudo gracias a las intervenciones de su guardameta, cinco en total, pero el partido ya tenía dueño. Kevin De Bruyne firmó el tercero y le puso nombre al dominio: precisión, pausa y filo.

La entrada de J. Doku antes de la hora añadió otro registro, más velocidad, más desequilibrio, más problemas para una defensa que ya corría hacia atrás con demasiada frecuencia. Nueva Zelanda movió piezas con T. Payne, J. Bell y después L. Cacace, buscando piernas frescas y una salida que no fuera solo supervivencia. La segunda amarilla local, para E. Just, dibujó también la incomodidad de una tarde larga. Curiosamente, fue el propio Just quien encontró el gol neozelandés al 84, un premio pequeño pero digno para un equipo que no dejó de insistir aun con una producción ofensiva escasa, reducida a dos tiros a portería y una amenaza real mínima.

El problema fue que Bélgica no aceptó ni siquiera ese respiro como cierre emocional. Apenas Nueva Zelanda había levantado la cabeza, Romelu Lukaku respondió con el cuarto. Y cuando el partido ya caminaba hacia el final, A. Saelemaekers puso el quinto, un último golpe para completar una goleada que fue creciendo por capas: primero la paciencia, luego la autoridad, al final la contundencia.

Bélgica ganó porque tuvo más fútbol, más área y más colmillo. Nueva Zelanda se llevó un gol y algo de orgullo, pero el partido quedó escrito con tinta roja: cuando Bélgica huele sangre, no suele soltar la presa.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.