sábado, 1 de agosto de 2026
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Bélgica resucita al borde del abismo y rompe a Senegal

Senegal tuvo la eliminatoria en la mano con dos goles de ventaja, pero Bélgica sobrevivió con Lukaku, Tielemans y un penalti en el minuto 120.

Bélgica resucita al borde del abismo y rompe a Senegal
Bélgica resucita al borde del abismo y rompe a SenegalFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que parecen cerrarse antes de tiempo y luego se niegan a morir. Bélgica pasó casi toda la noche caminando sobre una cornisa, con el ruido de la eliminación pegado a la nuca y Senegal oliendo una victoria grande, de esas que se juegan con el cuerpo entero. La diferencia estuvo en que los belgas, cuando ya no quedaba margen para el cálculo, encontraron una última reserva de fe. Y con ella partieron un partido que Senegal había tenido en el bolsillo.

La primera señal la dio H. Diarra, cuando Senegal golpeó a los 25 minutos y obligó a Bélgica a jugar contra el marcador, contra el reloj y contra su propia ansiedad. No fue un accidente aislado. El equipo africano sostuvo el pulso con autoridad, no se escondió y volvió a lastimar apenas iniciado el segundo tiempo, con I. Sarr poniendo el 0-2. A esa altura, el partido tenía una forma clara: Senegal corría con veneno, Bélgica pasaba mucho, tocaba bien, pero no terminaba de morder.

Los números explican parte del tormento belga sin necesidad de convertirlos en coartada. Bélgica tuvo la pelota apenas un poco más, movió casi setecientos pases y pisó el área una y otra vez, pero durante demasiado tiempo pareció jugar detrás de una puerta cerrada. Senegal, con la misma cantidad de remates, produjo más peligro real y tuvo material para dejar la serie fuera de alcance. Ahí estuvo su gran pecado: no matar cuando podía.

Bélgica entendió que no bastaba con ordenar la posesión. Desde el banco llegaron sacudidas: De Ketelaere al regreso del descanso, después De Bruyne y Doku, luego Vanaken, De Cuyper y, ya en la prórroga, Trossard. No fue un retoque; fue una búsqueda desesperada de electricidad. El partido se fue ensuciando, la paciencia se volvió urgencia y cada despeje senegalés parecía empujar el sueño un metro más lejos de los europeos.

Hasta que apareció R. Lukaku.

El gol belga en el 86 no cambió solo el marcador; cambió el aire. Senegal, que había defendido con piernas firmes durante buena parte de la noche, empezó a sentir el peso de cada pelota dividida. Bélgica olió sangre. Tres minutos después, Y. Tielemans metió el empate y convirtió el cierre en un incendio. Lo que durante ochenta y tantos minutos había sido control senegalés se volvió vértigo belga. De pronto, la ventaja de dos goles era una memoria incómoda.

La prórroga llegó con los dos equipos marcados por el golpe. Senegal todavía tenía argumentos, todavía había llegado demasiado lejos en el partido como para rendirse sin respuesta. Pero Bélgica ya había cruzado una frontera emocional. No jugaba bonito, jugaba empujada por la certeza de haber escapado de algo enorme. En el último suspiro, cuando el cuerpo pesa y la mente tiembla, llegó el penalti. Tielemans tomó la responsabilidad en el minuto 120 y cerró una remontada que no necesitó brillo permanente, sino nervio, insistencia y una dosis brutal de supervivencia.

Senegal se va con la herida de haber hecho mucho para ganar y no haber sabido cerrar la puerta. Bélgica sigue adelante porque se negó a aceptar el final cuando el final ya la estaba mirando de frente.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.