sábado, 1 de agosto de 2026
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Chivas convirtió la noche en una herida abierta para Puebla

Guadalajara aplastó 5-0 a Puebla en una actuación de control, pegada y voracidad, con doblete de B. González y una visita que nunca encontró aire.

Chivas convirtió la noche en una herida abierta para Puebla
Chivas convirtió la noche en una herida abierta para PueblaFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que se rompen con un gol y otros que empiezan a agrietarse antes de que el marcador se mueva. A Puebla le pasó lo segundo. Apenas al cuarto de hora ya había tenido que tocar el banco, con el ingreso de K. Velasco como primer intento de corregir una noche que se le venía encima. Chivas olió la incomodidad. La persiguió. La convirtió en castigo.

El equipo de Guadalajara no necesitó una avalancha desordenada para imponer la ley. Tuvo la pelota con una paciencia casi cruel, la movió de un lado a otro y fue encerrando al rival hasta dejarlo sin salida limpia. El dato explica la sensación: 68% de posesión, 645 pases y una precisión del 91%. No fue posesión de adorno. Fue dominio con filo, de esos que cansan primero la cabeza y luego las piernas.

B. González abrió la puerta al minuto 19 y R. Marín la terminó de arrancar poco después. En ocho minutos, Chivas pasó de mandar el partido a gobernarlo. Puebla quedó atrapado en una zona incómoda: demasiado temprano para resignarse, demasiado golpeado para discutir. No tuvo córners, apenas produjo un disparo a puerta y vivió la mayor parte de la noche lejos de cualquier amenaza real. Cada recuperación rojiblanca parecía traer otra ola.

La estadística más extraña de la noche fue también la más reveladora: Chivas marcó cinco goles con un registro de goles esperados de 1.21. Eso habla de pegada, claro, pero también de un partido en el que cada error de Puebla encontró una respuesta despiadada. No hubo perdón. No hubo trámite amable. Cada vez que Guadalajara encontró ventana, metió el cuerpo entero.

Puebla intentó mover piezas al descanso con A. Canelo y más tarde volvió a agitar la banca, pero el partido ya tenía dueño. B. Gutiérrez hizo el tercero al 51 y apagó cualquier discurso de reacción antes de que pudiera pronunciarse. A partir de ahí, la visita jugó contra el marcador, contra el reloj y contra su propia frustración. La amarilla para F. Monarrez fue una postal de esa impotencia: llegar tarde, morder donde ya no alcanzaba el futbol.

Chivas, en cambio, pudo administrar sin perder hambre. Hizo cambios, refrescó piernas y siguió empujando como si el resultado aún necesitara explicación. Nueve tiros de esquina, 16 remates, ocho a puerta: números que no se sintieron como inventario, sino como una presión constante sobre un rival que apenas respiró.

El cierre fue una firma con tinta gruesa. B. González volvió a aparecer al 82 para redondear su doblete, y H. Camberos golpeó dos minutos después, cuando Puebla ya estaba más cerca del vestidor que del partido. Fue el tipo de final que no solo aumenta una cuenta; también deja una sensación. Guadalajara no ganó caminando: ganó apretando hasta el último gesto.

Para Chivas, una noche de autoridad. Para Puebla, una caída de esas que pesan porque no dejan coartada. El 5-0 no fue un accidente del marcador: fue una frase escrita con cada pase, cada llegada y cada golpe. Y cuando Chivas decidió poner el punto final, todavía le quedaba tinta.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.