sábado, 1 de agosto de 2026
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Chivas empuja, Tijuana resiste y el grito se queda atorado

Guadalajara tuvo la pelota, el territorio y las llegadas, pero Tijuana sostuvo el cero con oficio en una noche de insistencia sin premio.

Chivas empuja, Tijuana resiste y el grito se queda atorado
Chivas empuja, Tijuana resiste y el grito se queda atoradoFoto · Agencia LIGAMX

La noche se le fue a Chivas entre centros que no encontraron dueño, rebotes que caían en piernas ajenas y ese murmullo que crece cuando el balón vive cerca del área pero se niega a cruzar la línea. Hay empates que parecen quietos en el marcador y turbulentos por dentro. Este fue uno de esos: Guadalajara llevó el peso, Tijuana cargó el escudo, y el partido terminó convertido en una pulseada entre la insistencia y la resistencia.

El equipo rojiblanco quiso mandar desde la pelota. La tuvo casi siempre, la movió con paciencia y acumuló pases como quien busca abrir una caja fuerte sin conocer la combinación. El 68% de posesión no fue adorno: reflejó un partido inclinado hacia el campo visitante, con Chivas pisando el último tercio una y otra vez. Pero la posesión, cuando no encuentra filo, puede volverse una trampa. Guadalajara disparó mucho, 22 veces, aunque demasiados intentos se estrellaron en cuerpos de Tijuana o se fueron desviados, como si la jugada siempre necesitara un toque más, una pausa menos, una decisión distinta.

Tijuana aceptó el papel incómodo sin perder la compostura. No vino a iluminar la noche, vino a sobrevivirla. Y sobrevivir también es un arte. Cerró líneas, ensució trayectorias, defendió el área con piernas, hombros y concentración. Su arquero respondió cuando tuvo que hacerlo, cuatro atajadas que pesaron tanto como cualquier ataque, porque sostuvieron un empate que por momentos parecía colgar de un hilo. No fue una visita encerrada sin respirar: también obligó a Guadalajara a trabajar atrás, con tres disparos al arco y una amenaza latente cada vez que el local quedaba largo.

La ansiedad empezó temprano en Chivas. Las amarillas a B. Gutiérrez y D. Aguirre, antes del descanso, contaron algo más que faltas: hablaron de un equipo apurado, de entradas a destiempo, de la incomodidad de no poder traducir dominio en ventaja. Luego llegó otra amonestación para O. Govea y el partido fue ganando una textura áspera, menos fluida, más de roces y segundas jugadas. Tijuana también dejó una tarjeta en el camino, la de A. Gómez, pero su negocio estaba en mantener el orden incluso cuando el reloj empezaba a apretar.

Los bancos intentaron cambiar el aire. Tijuana movió primero, con R. Arciga y D. Abreu alrededor de la hora, como quien refuerza el plan antes de que se rompa. Después apareció G. Mora y más tarde I. Rivero, piezas para sostener piernas y estructura. Chivas respondió con cambios que buscaron darle otra energía a un ataque trabado: E. Álvarez, R. Ledezma, B. González y el movimiento final con D. Aguirre. Nada alcanzó para quebrar el muro.

El dato más cruel para Guadalajara fue ese casi dos en goles esperados. No es una sentencia, pero sí una fotografía: generó lo suficiente para ganar y no ganó. Tijuana, con menos pelota y menos presencia en el área, se aferró a cada despeje como si fuera un gol propio. El 0-0 no contó todo, porque hubo tensión, volumen, desgaste y una portería que pareció cerrarse con doble llave.

Chivas se quedó con la sensación amarga de haber hecho casi todo menos lo único que cambia una noche. Tijuana se llevó un punto trabajado, de esos que no brillan pero pesan. En el Akron, la pelota rondó la gloria durante noventa minutos; nunca encontró la puerta.

Redaccion LIGAMX.com
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