sábado, 1 de agosto de 2026
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Cruz Azul empuja, Pumas resiste: una final cerrada a piedra y nervio

Cruz Azul tuvo la pelota, el territorio y las ocasiones, pero Pumas levantó un muro y sostuvo el 0-0 en una noche de tensión pura en la Liga MX.

Cruz Azul empuja, Pumas resiste: una final cerrada a piedra y nervio
Cruz Azul empuja, Pumas resiste: una final cerrada a piedra y nervioFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que no se abren ni con llave, ni con paciencia, ni con el peso de una camiseta empujando hacia el área rival. Cruz Azul lo intentó de todas las formas posibles, con la pelota al pie, con centros, con remates desviados, con disparos bloqueados por piernas desesperadas. Pumas sobrevivió como sobreviven los equipos que entienden que una final también se juega desde la resistencia: achicando espacios, ensuciando la circulación, convirtiendo cada ataque cementero en una discusión larga y áspera.

La noche tuvo muy pronto una promesa de incendio. A los 27 minutos, el VAR apareció para apagar lo que parecía el gran quiebre emocional: un penalti relacionado con Carlos Rodríguez que terminó cancelado. Fue una de esas decisiones que cambian el pulso del partido aunque no muevan el marcador. Cruz Azul quedó con la sensación de que había tocado la puerta correcta y se la habían cerrado desde arriba. Pumas, en cambio, respiró. Y cuando un equipo que ha venido a sufrir respira, gana segundos, gana metro y medio, gana convicción.

Desde ahí, el partido se fue inclinando hacia una sola mitad de la cancha. Cruz Azul tuvo el 60 por ciento de la posesión, pero más importante que el número fue la imagen: la Máquina instalada, pasando con precisión, buscando por dentro y por fuera, acumulando siete tiros de esquina y 24 intentos en total. El problema fue el último gesto. Nueve remates murieron en bloqueos, otros se fueron sin destino y los cinco que exigieron portería encontraron respuesta. Pumas concedió territorio, no rendición.

El duelo también se llenó de roces. Jeremy Márquez vio la amarilla antes del descanso y Amaury García apenas comenzado el segundo tiempo, señales de un Cruz Azul que apretaba pero también se impacientaba. Del lado universitario, Álvaro Angulo y Pedro Vite quedaron marcados por la tarjeta en una segunda parte en la que cada corte valía como una barrida sobre la línea. No fue un partido de patadas desbordadas, sino de tensión acumulada, de faltas útiles, de pausas que le convenían más al que defendía que al que buscaba.

Los banquillos intentaron mover el guion. Pumas mandó a Juninho después de la primera hora y más tarde recurrió a U. Antuna, buscando piernas para estirar una noche que se le venía encima. Cruz Azul respondió con C. Ebere, luego con O. Campos y J. Paradela, y todavía quemó otro cambio cerca del final con C. Rodríguez. La intención era evidente: agregar aire, desborde, algo que rompiera la pared. Pero la pared siguió ahí.

Pumas apenas remató cuatro veces y solo una obligó al arquero rival. Su producción ofensiva fue mínima, casi de supervivencia. Pero en una final, a veces basta con negar. Negar el pase limpio, negar el rebote, negar el grito. Cruz Azul hizo casi todo lo que hace un equipo que quiere ganar: tuvo la pelota, pisó el área, insistió hasta el cansancio. Le faltó lo único que no se negocia en estas noches.

El 0-0 no fue vacío. Fue un forcejeo largo entre una Máquina que chocó contra su propia ansiedad y unos Pumas que hicieron del aguante una trinchera. Nadie se llevó la explosión; la noche se quedó con el nudo en la garganta.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.