sábado, 1 de agosto de 2026
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Ecuador se estrella contra el muro de Curaçao

Ecuador tuvo la pelota, el territorio y las ocasiones, pero Curaçao resistió con una actuación defensiva enorme y un arquero decisivo para firmar un 0-0 de Mundial.

Ecuador se estrella contra el muro de Curaçao
Ecuador se estrella contra el muro de CuraçaoFoto · Agencia LIGAMX

La pelota vivió casi toda la noche del mismo lado, como si el campo se hubiera inclinado hacia el arco de Curaçao. Ecuador la movió con paciencia, la llevó de una orilla a la otra, la metió al área una y otra vez, pero siempre apareció una pierna, un cuerpo, una mano salvadora. El partido terminó 0-0, aunque durante largos tramos pareció un asedio más que un empate: una selección empujando con volumen y otra resistiendo con una fe áspera, casi mineral.

Ecuador no se escondió detrás del cálculo. Tomó la posesión hasta convertirla en costumbre, con una circulación limpia que rozó la precisión quirúrgica: 641 pases, la mayoría bien dados, para instalarse en campo rival y obligar a Curaçao a vivir en emergencia. No fue una superioridad decorativa. Hubo 28 remates, 22 desde dentro del área, 15 directamente al arco. Esos números, más que adornar, explican la frustración: Ecuador no miró el partido desde lejos, lo tuvo en las manos y no pudo cerrarlas.

El primer tiempo dejó una señal de lo que venía. J. Alcívar vio amarilla y, apenas después, L. Bacuna también quedó condicionado. Había tensión, roce, una incomodidad creciendo en cada disputa. Ecuador mandaba, pero Curaçao encontraba en la interrupción y en el sacrificio una forma legítima de respirar. Al descanso, el cuerpo técnico ecuatoriano tocó la pieza de Alcívar, una decisión que habló de la necesidad de sostener el control sin regalar una expulsión ni perder impulso.

La segunda parte fue todavía más clara en su guion. Curaçao empezó a coleccionar tarjetas: J. Bacuna, L. Comenencia, J. Gaari y, ya sobre el final, G. Kastaneer. No era solo indisciplina; era el precio de llegar tarde cuando se defiende durante tanto tiempo. Cada avance ecuatoriano obligaba a un cierre al límite. Cada centro pedía una respuesta. Cada rebote parecía ofrecer una segunda vida. Y ahí, en medio del ruido, creció la figura más determinante del partido: el arquero de Curaçao, autor de 15 atajadas, una cifra que no necesita maquillaje.

Ecuador también buscó desde el banco. P. Estupiñán entró en el tramo final para darle otra energía a la persecución del gol. Más tarde aparecieron A. Franco y J. Yeboah, mientras Curaçao agotaba cambios con J. Bacuna, D. Fonville, T. Chong, J. Locadia y L. Comenencia, intentando refrescar piernas que ya defendían más por instinto que por orden. La escena se repitió hasta el cansancio: Ecuador cargando, Curaçao achicando, el reloj convirtiéndose en enemigo de unos y refugio de otros.

El dato más cruel para Ecuador fue ese 3.06 de goles esperados que quedó en cero. No por mala intención, ni por falta de ambición, sino porque el fútbol a veces se encierra en una habitación sin ventanas. Curaçao, con apenas el 25% de la pelota, sin tiros de esquina y con una producción ofensiva mínima, sacó un punto de esos que se defienden con moretones. También obligó a Ecuador a mirarse al espejo de los partidos incómodos: dominar no siempre alcanza, rematar no siempre basta, merecer no siempre paga.

En la fase de grupos de un Mundial, hay empates que pesan como derrotas y otros que se celebran como una hazaña silenciosa. Este tuvo algo de ambos. Ecuador se fue con las manos llenas de intentos y vacías de gol; Curaçao, con el cuerpo marcado y el marcador intacto. A veces el arco no se abre: se vuelve pared.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.