sábado, 1 de agosto de 2026
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Egipto apaga la ilusión de Nueva Zelanda con una segunda parte de autoridad

Nueva Zelanda golpeó primero con F. Surman, pero Egipto maduró el partido, encontró aire tras el descanso y lo volteó con goles de M. Ziko, M. Salah y Trezeguet.

Egipto apaga la ilusión de Nueva Zelanda con una segunda parte de autoridad
Egipto apaga la ilusión de Nueva Zelanda con una segunda parte de autoridadFoto · Agencia LIGAMX

Durante casi una hora, Nueva Zelanda jugó con la sensación peligrosa de quien cree haber encontrado una grieta en el plan ajeno. No dominaba del todo, no mandaba con amplitud, pero tenía algo más valioso en un partido de fase de grupos del Mundial: una ventaja temprana, una grada emocional a favor de su guion y un rival obligado a perseguir.

El golpe de F. Surman, a los 15 minutos, le dio a Nueva Zelanda un punto de partida perfecto. Fue un gol que no solo movió el marcador; también cambió el clima. Egipto, que quería instalarse en campo contrario con paciencia, se vio de pronto empujado a acelerar. Y cuando un equipo acelera antes de tiempo, aparecen las costuras. La amarilla de M. Lasheen llegó apenas después, como síntoma de ese tramo áspero en el que la ansiedad empieza a meter la pierna donde antes entraba el pase.

Nueva Zelanda aceptó el partido físico. S. Singh y C. McCowatt también quedaron condicionados con tarjeta antes del descanso, y esa fricción terminó dibujando una primera mitad incómoda para todos. Egipto tenía más pelota, la movía con mejor precisión y acumulaba pases con una pulcritud que hablaba de control, pero el control no siempre alcanza cuando el área contraria se cierra y el reloj juega para el que va ganando. La primera corrección llegó incluso antes del descanso, con el movimiento de H. Fathy, como si el cuerpo técnico egipcio entendiera que el partido pedía otra llave.

La segunda parte fue otra cosa. Egipto salió con más filo, más presencia cerca del área y menos contemplación. Había disparado más, había pisado más zonas de remate, pero le faltaba convertir esa superioridad territorial en daño real. Lo hizo M. Ziko al minuto 58, y el empate tuvo el efecto de abrir una puerta que Nueva Zelanda llevaba mucho rato sosteniendo con el hombro.

A partir de ahí cambió el peso de cada jugada. Nueva Zelanda todavía encontraba respuestas, obligó al arquero rival a trabajar y no se escondió: sus cinco tiros a puerta explican que no fue un equipo decorativo. Pero Egipto ya había olido sangre. Con 56% de posesión, 528 pases y una circulación más limpia, no necesitó atropellar; necesitó insistir. Y la insistencia, cuando tiene talento arriba, suele cobrar.

M. Salah firmó la remontada al 67. No fue solo el segundo gol: fue el momento en que el partido dejó de ser una resistencia neozelandesa y pasó a ser una persecución egipcia hacia la sentencia. Los cambios alrededor del minuto 76 movieron piernas y planes, pero no alteraron el rumbo. Nueva Zelanda buscó aire con varias modificaciones; Egipto refrescó piezas como O. Marmoush y luego gestionó el cierre con más relevos. La diferencia ya no estaba únicamente en el marcador, sino en la manera en que cada equipo llegaba a los últimos metros.

Trezeguet puso el tercero al 82 y terminó de romper lo que quedaba de suspense. Egipto había producido más, había rematado más y había encontrado una puntería que tardó en aparecer, pero apareció cuando el partido aún podía torcerse. Nueva Zelanda empezó con una ilusión legítima; Egipto la fue desgastando hasta convertirla en recuerdo.

Hay victorias que nacen de un arrebato y otras que se construyen con paciencia. Esta fue de las segundas: Egipto no ganó por correr detrás del partido, ganó porque supo esperar el momento exacto para morder.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.