sábado, 1 de agosto de 2026
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Egipto e Irán chocan contra el vértigo y se quedan a medias

Egipto golpeó pronto, Irán reaccionó entre un penal fallado y un gol, y el VAR terminó negándole a Khalilzadeh una noche que parecía cambiar en el último suspiro.

Egipto e Irán chocan contra el vértigo y se quedan a medias
Egipto e Irán chocan contra el vértigo y se quedan a mediasFoto · Agencia LIGAMX

El partido empezó como empiezan las noches que no dejan respirar: con una ventaja tempranera, un penal desperdiciado y la sensación de que nadie había llegado para especular. Egipto encontró el golpe inicial con M. Saber cuando el encuentro apenas se acomodaba, como si hubiera querido arrancarle el control emocional a Irán antes de que el grupo terminara de hacer cuentas. Fue un gol de esos que no sólo mueven el marcador: cambian el pulso.

Irán pudo responder casi de inmediato, pero M. Taremi dejó escapar el penal que habría borrado el susto egipcio. Ahí apareció la primera grieta del guion. Un equipo que falla desde los once pasos suele cargar con el peso de la ocasión perdida, más en una Copa del Mundo, donde cada error se agranda. Pero Irán no se cayó. Tres minutos después, R. Rezaeian puso el empate y devolvió el partido a un terreno más áspero, menos emocional, más peleado.

Desde entonces, Egipto quiso gobernar con la pelota. La tuvo mucho, la movió con limpieza y acumuló pases como quien intenta bajar la temperatura de una sala incendiada. Su 61% de posesión no fue adorno: fue una forma de defenderse, de respirar, de empujar a Irán hacia atrás sin desordenarse del todo. Pero también dejó una pregunta incómoda. Con quince remates y ocho tiros de esquina, Egipto apenas encontró tres disparos a portería. Mucho tránsito, poca herida.

Irán, en cambio, vivió más cerca del filo. No necesitó tanto balón para incomodar. Sus llegadas pesaron, sobre todo porque atacó más dentro del área que desde la distancia y obligó al arquero egipcio a intervenir tres veces. El dato frío decía que sus ocasiones prometían más que las de Egipto, pero el partido no se dejó reducir a una hoja de cálculo. Fue una pelea de nervios, choques y pequeñas ventajas que se deshacían al siguiente cruce.

La primera parte terminó manchada de tarjetas, con entradas a destiempo y protestas contenidas. H. Kanaani, M. Saber, Y. Ibrahim y A. Nemati pasaron por el registro disciplinario antes del descanso, una señal de que el empate no había calmado nada. Al contrario: lo había dejado todo abierto. Los cambios al inicio del segundo tiempo reforzaron esa idea de partido incómodo, de técnicos obligados a tocar piezas antes de que el tablero se les rompiera.

Egipto buscó aire con sus movimientos, incluido el de M. Salah pasada la hora corta del complemento, y después volvió a agitar la banda con M. Ziko. Irán también movió su banco, primero con S. Ghoddos y más tarde con M. Mohebi, pero el encuentro entró en esa zona donde las piernas pesan y cada pelota dividida parece una frontera. S. Ezatolahi vio amarilla; M. Lasheen también. Ya no había margen para la imprudencia, aunque el partido siguiera invitando a ella.

Y entonces llegó el último sobresalto. En el minuto 90, S. Khalilzadeh creyó haber escrito el final para Irán. El festejo, si lo hubo, duró lo que tarda el VAR en recordar que el fútbol moderno también se juega en una línea invisible. Fuera de juego. Gol anulado. Tarjeta para el propio Khalilzadeh. De la euforia al desencanto en el mismo parpadeo.

Egipto se quedó con la pelota; Irán, con la ocasión que más dolió. El empate no premió del todo a nadie, pero castigó lo suficiente a ambos como para sentirse pesado. A veces, en un Mundial, sobrevivir también es una forma de seguir dentro; esta vez, para los dos, fue la única victoria permitida.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.