sábado, 1 de agosto de 2026
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Estados Unidos golpea temprano y no suelta a Paraguay

La selección estadounidense abrió su Mundial con una noche de autoridad: empujó a Paraguay contra su área, encontró a Balogun en modo decisivo y cerró con Reyna una victoria que nunca pareció escaparse.

Estados Unidos golpea temprano y no suelta a Paraguay
Estados Unidos golpea temprano y no suelta a ParaguayFoto · Agencia LIGAMX

A Paraguay se le torció la noche antes de que pudiera acomodarse el uniforme. Todavía estaba tanteando el campo, midiendo distancias, cuando una pelota envenenada terminó en su propia red por D. Bobadilla. Fue uno de esos golpes raros, incómodos, que no nacen de una jugada perfecta sino de la presión, del vértigo y de ese miedo silencioso que provoca un rival que sale a morder desde el primer minuto.

Estados Unidos entendió enseguida el regalo como una invitación, no como una ventaja para administrar. Se instaló arriba, movió la pelota con una seguridad que fue desgastando a Paraguay y convirtió el partido en una espera angustiosa para la defensa albirroja. La posesión estadounidense no fue decorativa: sirvió para arrinconar, para juntar pases, para atacar el área una y otra vez. Trece de sus remates nacieron dentro de la zona caliente. Ahí se explica casi todo.

Paraguay quiso responder con pierna fuerte y carácter, pero durante demasiado tiempo confundió resistencia con interrupción. Juan Cáceres vio la amarilla temprano, después Miguel Almirón, más tarde Diego Gómez, Alex Arce y Junior Alonso. Las tarjetas fueron apareciendo como señales de un equipo que corría detrás de la jugada, no dentro de ella. Cada falta cortaba el ritmo, sí, pero también confirmaba quién estaba mandando.

El primer gran nombre de la noche fue F. Balogun. Su gol a la media hora le dio forma al dominio de Estados Unidos, lo volvió tangible. Y cuando volvió a aparecer antes del descanso, el partido cambió de temperatura. Ya no era solo un buen arranque ni una ventaja cómoda: era una declaración. Paraguay se fue al entretiempo con la sensación de haber jugado buena parte de la primera mitad en una pendiente, siempre empujado hacia atrás, siempre obligado a sobrevivir al siguiente ataque.

El descanso trajo movimientos, nombres nuevos y un intento de recomponer el ánimo. Estados Unidos también tocó piezas, con C. Pulisic entrando en el reinicio, y manejó el partido desde una calma que a veces rozó la comodidad. Tyler Adams recibió la única amarilla estadounidense, una pequeña mancha en una noche donde el equipo local —por condición de marcador, no de estadio— encontró casi siempre el tono justo.

Paraguay, sin embargo, no se entregó del todo. A los 73 minutos, Mauricio puso el gol que abrió una rendija. Fue más que una anotación: fue un recordatorio de que en un Mundial ningún partido se archiva antes de tiempo. Con ese tanto, la albirroja encontró algo de aire, aunque nunca logró sostener una amenaza constante. Apenas exigió una vez al arquero rival, y esa cifra retrata mejor que cualquier discurso la distancia entre el deseo y el daño real.

Estados Unidos sintió el aviso y cerró filas. No necesitó desesperarse. Había construido la ventaja con pelota, presión y presencia en el área; ahora le tocaba sostenerla con oficio. Paraguay hizo cambios, buscó piernas frescas, acumuló voluntades, pero el partido ya tenía dueño. En el minuto final, G. Reyna puso el cuarto y apagó cualquier lectura alternativa. No fue un adorno: fue el candado.

La noche dejó a Estados Unidos con una entrada poderosa en el grupo, una de esas victorias que pesan no solo por el resultado, sino por la sensación de control. Paraguay salió golpeado, atrapado entre su rabia y su falta de claridad. El Mundial apenas empieza, pero este partido ya dejó una imagen: Estados Unidos jugando con el pie en el acelerador y Paraguay mirando cómo la primera curva se le venía encima.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.