sábado, 1 de agosto de 2026
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Francia no perdonó dos veces y cortó el sueño de Marruecos

Mbappé falló un penalti, se rehízo y abrió el camino de una Francia que golpeó en el momento justo para meterse en semifinales del Mundial.

Francia no perdonó dos veces y cortó el sueño de Marruecos
Francia no perdonó dos veces y cortó el sueño de MarruecosFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que parecen esperar una señal para romperse. Francia la tuvo desde los once pasos y la dejó escapar. Kylian Mbappé, el hombre al que tantas veces le basta una carrera para cambiar el clima de una noche, falló el penalti que pudo acomodar temprano una eliminatoria de cuartos de final. Durante un rato, ese error quedó flotando sobre el campo como una pregunta incómoda: qué haría Francia si su estrella no abría la puerta.

Marruecos entendió ese silencio como una invitación. No se escondió detrás de su área ni se resignó a perseguir sombras. Tuvo la pelota más tiempo, la movió con paciencia y trató de llevar el partido a un territorio menos frenético, donde cada pase ayudara a enfriar la amenaza francesa. Pero una cosa es tener el balón y otra muy distinta es herir. Su posesión tuvo pulso, no colmillo. Apenas obligó una vez al arquero rival y casi siempre terminó chocando lejos del lugar donde se deciden las noches grandes.

Francia, en cambio, fue una alarma constante. No necesitó monopolizar la pelota para mandar. Atacó con filo, cargó el área, remató desde dentro y desde fuera, y fue acumulando llegadas hasta que el partido empezó a inclinarse por pura insistencia. El portero marroquí sostuvo lo que pudo, con seis paradas que alargaron la esperanza y le dieron a su equipo margen para seguir creyendo. Pero Francia no estaba jugando a la paciencia decorativa. Estaba cazando el momento.

Y el momento volvió a caerle a Mbappé. No como redención cinematográfica ni como castigo al que dudó, sino como sucede con los futbolistas que no se quedan atrapados en su propio fallo. A la hora de partido, apareció para marcar el 1-0 y liberar a Francia de esa ansiedad que había empezado a apretar desde el penalti errado. El gol no cambió solo el marcador; cambió el aire. Marruecos tuvo que abandonar el equilibrio, mover el banco, buscar piernas nuevas y caminos que hasta entonces no había encontrado.

El problema fue que Francia olió sangre. Seis minutos después, Ousmane Dembélé puso el segundo y convirtió una eliminatoria tensa en una cuesta demasiado empinada. Marruecos, que ya había metido a A. Bouaddi y B. El Khannouss antes de la respuesta francesa, siguió probando con B. Díaz, A. Salah-Eddine y C. Talbi. La amarilla a I. Diop reflejó también esa fricción de un equipo que ya no podía controlar la escena como quería. Francia, más cómoda, administró fuerzas con M. Koné, D. Doué y J. Koundé entrando en el tramo final, mientras el partido perdía suspense y ganaba sentencia.

No fue una noche de dominio clásico, de esas que se explican con el balón pegado al pie y el rival encerrado sin remedio. Fue algo más francés: eficacia, aceleración, pegada y una serenidad casi fría para no derrumbarse cuando el primer golpe salió mal. Marruecos se fue con dignidad, pero con muy poco veneno en el área. Francia, con 22 remates y una sensación permanente de peligro, encontró la forma de convertir la presión en ventaja.

Mbappé falló primero y marcó después. Ahí estuvo el partido: en la distancia entre el tropiezo y la respuesta. Francia no necesitó olvidar el error; le bastó con jugar como si todavía tuviera todo por ganar.

Redaccion LIGAMX.com
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