sábado, 1 de agosto de 2026
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Irán y Nueva Zelanda empatan en una noche de golpes y respuestas

E. Just castigó dos veces a Irán, pero Rezaeian y Mohebi sostuvieron a un equipo que vivió al borde y rescató un empate en el arranque mundialista.

Irán y Nueva Zelanda empatan en una noche de golpes y respuestas
Irán y Nueva Zelanda empatan en una noche de golpes y respuestasFoto · Agencia LIGAMX

El partido se jugó como si nadie quisiera esperar a que el Mundial le tomara la temperatura. Nueva Zelanda salió con una navaja entre los dientes y encontró el primer corte demasiado pronto, cuando E. Just puso a correr la angustia por el lado iraní antes de que el encuentro terminara de acomodarse. No fue un aviso: fue un golpe. De esos que obligan a cambiar la respiración, a mirar el reloj y a entender que la fase de grupos no perdona las entradas tibias.

Irán tardó en sacudirse, pero no se cayó. Eso fue lo primero que dijo su partido. Le costó limpiar la pelota, le costó convertir su volumen en peligro real, pero empezó a empujar con una insistencia áspera, más de martillo que de pincel. Tuvo 17 remates, aunque apenas cuatro fueron al arco, una cifra que explica bien su noche: mucho intento, mucho cuerpo en el área, poca claridad en el último gesto. Aun así, R. Rezaeian encontró el empate y le devolvió al equipo algo más importante que el marcador: la calma para volver a competir.

Nueva Zelanda, en cambio, jugó con una serenidad incómoda para el rival. No necesitó monopolizar el encuentro, aunque tuvo un poco más de balón y lo usó con mejor pulso. Sus pases encontraron destino con frecuencia y sus ataques fueron menos numerosos, pero más venenosos. Ocho disparos a puerta obligaron a Irán a vivir pendiente de su portero, que sostuvo la noche con seis atajadas. Ahí estuvo buena parte del relato: un equipo iraní que insistía hacia adelante y otro neozelandés que cada vez que pisaba zona de daño parecía tener una idea más limpia.

El descanso no apagó el incendio. Irán movió el banco con A. Yousefi y luego con S. Moghanlou, buscando piernas y presencia, pero el partido le respondió con crueldad: E. Just volvió a aparecer y Nueva Zelanda recuperó la ventaja. Fue el momento en el que el encuentro pudo quebrarse. Un segundo golpe del mismo hombre suele pesar el doble, porque no solo cambia el marcador; instala una sospecha.

Pero Irán volvió a levantarse. No con una avalancha perfecta, sino con esa mezcla de fe y terquedad que tantas veces vale lo mismo. M. Mohebi firmó el empate y el partido entró en su tramo más eléctrico, con los dos equipos mirando de reojo el premio y el castigo. S. Ghoddos entró enseguida para Irán; Nueva Zelanda respondió con C. McCowatt y L. Cacace, y más tarde con T. Payne. El banco empezó a contar tanto como las piernas cansadas.

En los últimos minutos apareció M. Taremi para Irán, una carta fuerte en un cierre que pedía una jugada definitiva. No llegó. Lo que llegó fue tensión: una amarilla para Ehsan Hajsafi cerca del final, cambios neozelandeses en el tiempo límite y esa sensación de partido abierto que se resiste a morir aunque ya no le quede aire.

El 2-2 dejó a los dos con argumentos y heridas. Nueva Zelanda tuvo al jugador más filoso de la noche en E. Just; Irán tuvo la capacidad de responder cada vez que el partido lo empujó contra la pared. En el primer acto de un Mundial, a veces no se gana una certeza, se evita una caída. Y este empate, más que repartirse, se sobrevivió.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.