sábado, 1 de agosto de 2026
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Marruecos encontró el filo y Canadá se quedó golpeando la puerta

En una eliminatoria áspera, Marruecos resistió el empuje canadiense y castigó con una precisión feroz para avanzar con un 0-3 que se cocinó en la paciencia.

Marruecos encontró el filo y Canadá se quedó golpeando la puerta
Marruecos encontró el filo y Canadá se quedó golpeando la puertaFoto · Agencia LIGAMX

El partido empezó a parecer una pelea antes de parecer una eliminatoria. No por una patada concreta, sino por el aire: cada balón dividido llevaba una advertencia, cada protesta estiraba el nervio, cada choque recordaba que en octavos de final no se juega con la mano abierta. Marruecos aceptó ese territorio incómodo, Canadá también, y durante un buen tramo la noche fue una cuerda tensa esperando romperse.

Canadá quiso empujar desde la acumulación. Fue metiendo gente, ganando tiros de esquina, cargando el área una y otra vez como quien insiste contra una puerta pesada. Tuvo once córners, siete remates dentro del área y la sensación de estar siempre cerca de provocar algo. Pero cerca no es dentro. Sus ataques dejaron ruido, no herida. Marruecos, en cambio, eligió otro idioma: menos volumen, más filo. Cinco remates en todo el partido, cuatro al arco, tres a la red. La diferencia entre insistir y matar.

La primera parte se jugó con los dientes apretados. R. Halhal vio amarilla pronto, Marruecos movió el banco con I. Saibari y el cierre del primer tiempo se ensució con tarjetas para A. Hakimi, R. Laryea, J. David, A. Ounahi y B. El Khannouss. No había goles, pero ya había marcas. Canadá perseguía, Marruecos administraba, y el árbitro iba dejando constancia de que el duelo caminaba sobre una cornisa.

Apenas volvió el partido del descanso, Ounahi cambió el tono de la historia. Venía de cargar una amarilla, de moverse en ese espacio peligroso donde cualquier exceso te expulsa del relato, y aun así apareció para romperlo. Su gol al 50 no fue solo ventaja: fue una cuchillada al plan canadiense, que desde entonces tuvo que correr detrás de un rival cómodo con la pelota y más limpio en el pase. Marruecos no necesitó esconderse. Con el 55% de posesión y una circulación más precisa, hizo que el reloj trabajara de su lado.

Canadá buscó respuestas con cambios, con T. Oluwaseyi primero y después con A. Ahmed y R. Laryea dentro de una sacudida necesaria. También pagó el precio emocional de la urgencia: L. De Fougerolles y C. Larin fueron amonestados en una noche en la que las faltas canadienses se acumularon como síntomas de frustración. El equipo norteamericano remató, obligó al arquero marroquí a tres intervenciones y no dejó de merodear, pero cada llegada terminaba en el mismo sitio: en una pared, en una pierna, en una respuesta segura.

Entonces Ounahi volvió a aparecer. Al 82, cuando Canadá todavía alimentaba la esperanza de un último arreón, el marroquí firmó el segundo y le quitó oxígeno al partido. Ya no era una eliminatoria abierta, era una sentencia en proceso de lectura. Los movimientos finales desde ambos bancos llegaron con el marcador inclinado y el cansancio a flor de piel, hasta que S. Rahimi puso el tercero en el 90, el golpe seco que convirtió la diferencia en castigo.

El 0-3 puede parecer amplio para un partido en el que Canadá produjo lo suficiente para discutirle tramos a Marruecos. Pero el Mundial no premia la intención, premia el instante. Y Marruecos tuvo la calma para esperar el suyo, la puntería para aprovecharlo y la sangre fría para cerrar la puerta sin mirar atrás.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.