sábado, 1 de agosto de 2026
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Marruecos se mira al borde del lío y responde con fútbol

Haití golpeó primero y volvió a incomodar antes del descanso, pero Marruecos sostuvo la pelota, empujó con paciencia y terminó imponiéndose 4-2 en la fase de grupos del Mundial.

Marruecos se mira al borde del lío y responde con fútbol
Marruecos se mira al borde del lío y responde con fútbolFoto · Agencia LIGAMX

La tarde empezó con una broma pesada para Marruecos: la pelota camino a su propia red, Bono atrapado en el gesto imposible del autogol y Haití encontrando, casi de golpe, un partido que podía hacerse enorme. No había pasado demasiado y ya se jugaba con esa electricidad rara de los duelos que se tuercen antes de entrar en calor. Marruecos, obligado a recomponerse, tuvo que mirar de frente una escena incómoda: perder contra un rival que apenas necesitó asomarse para hacer daño.

Lo que vino después no fue una reacción desesperada, sino una toma de control. Marruecos puso la planta del pie sobre el partido y empezó a moverlo de lado a lado, con esa paciencia que a veces parece lenta hasta que termina asfixiando. La posesión se volvió territorio, y el territorio se volvió amenaza. Nueve tiros de esquina, ataques por dentro, remates desde distintas alturas: no fue un dominio de adorno. Fue una insistencia con filo.

El empate de Achraf Hakimi llegó como llegan los goles que alivian, no solo por el marcador, sino por el peso que sacan de la espalda. Marruecos había empujado bastante como para merecerlo, pero el fútbol no siempre paga de inmediato. Y cuando parecía que el descanso podía servir para ordenar la cabeza, Haití volvió a morder. W. Isidor encontró el golpe justo y recordó que la eficacia también juega, aunque el balón viva lejos de tus pies.

Ahí estuvo el quiebre emocional del partido. Marruecos pudo irse al vestuario rumiando frustración, pero I. Saibari respondió antes de que el primer tiempo cerrara la puerta. Ese gol cambió el aire. No resolvió todo, porque Haití seguía vivo y el marcador aún tenía filo, pero sí le devolvió a Marruecos la certeza de que el camino era el correcto: seguir atacando, seguir cargando el área, seguir obligando a J. Placide a trabajar.

La segunda mitad fue una prueba de paciencia. Haití resistió con lo que tenía: piernas, faltas, repliegue y una noche exigente para su portero, que terminó con ocho atajadas. Marruecos acumuló 22 remates y once fueron al arco, una cifra que explica mejor que cualquier adjetivo la sensación de cerco. La pelota circulaba limpia, con 540 pases y una precisión alta, pero el tercer gol tardó lo suficiente como para alimentar nervios.

Las modificaciones movieron el tablero. Marruecos refrescó su ataque con B. Diaz y A. El Kaabi, entre otros cambios, mientras Haití intentó sostenerse y ajustar con R. Providence y más tarde con J. Duverne, D. Jean Jacques y L. Joseph. Pero el partido ya venía inclinándose. S. Rahimi encontró el gol que por fin abrió la noche, y casi de inmediato el duelo se calentó con amarillas para D. Nazon y J. Placide. Haití empezaba a defenderse también del reloj, de la fatiga y de una presión que no aflojaba.

El cuarto, firmado por G. Yassine cerca del final, no fue un adorno: fue el candado. Haití terminó amonestado también con J. Casimir y con la sensación de haber golpeado dos veces con muy poco margen de ataque. Marruecos, en cambio, sobrevivió a su propio tropiezo inicial, absorbió el susto y convirtió el partido en una declaración de carácter. Hay victorias que nacen limpias; esta nació torcida, embarrada por el accidente y enderezada a fuerza de fútbol. Marruecos no ganó porque evitó el problema: ganó porque supo atravesarlo.

Redaccion LIGAMX.com
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