sábado, 1 de agosto de 2026
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Monterrey encontró la grieta y convirtió el caos en goleada

La expulsión tempranera de Raúl Gudiño cambió el mapa del partido, pero Monterrey tardó en convertir la superioridad en goles. Cuando lo hizo, desarmó a Necaxa con una ráfaga que terminó por partir la tarde.

Monterrey encontró la grieta y convirtió el caos en goleada
Monterrey encontró la grieta y convirtió el caos en goleadaFoto · Agencia LIGAMX

Había un partido dentro del partido desde el minuto cinco, y Necaxa tuvo que jugarlo con un hombre menos desde que Raúl Gudiño vio la roja. Eso, en Liga MX, suele condenar el libreto a una sola dirección. Sin embargo, Monterrey tardó en encontrar la llave, como si la ventaja numérica no le alcanzara para romper el cerrojo ni para sacudirse la prisa. La pelota fue suya, el terreno también; el golpe, no.

El primer tiempo quedó suspendido en esa tensión rara que aparece cuando uno parece tener todo a favor y aun así no logra mandar. Monterrey movió la pelota con paciencia, acumuló pases, instaló su dominio en campo ajeno, pero Necaxa resistió con el orgullo de quien sabe que cualquier descuido puede costarle el partido. El descanso llegó con esa sensación incómoda para la visita: el control era evidente, la ventaja no.

Y entonces cambió todo de golpe. Apenas arrancó la segunda parte, Monterrey soltó la mano. Germán Berterame abrió la noche y, casi sin darle tiempo al rival de acomodarse, Sergio Canales empujó el marcador hacia un sitio mucho más cruel. Dos golpes seguidos, secos, de los que no solo rompen el cero: desordenan la cabeza. Necaxa respondió con el empuje de Diber Cambindo, un intento de volver a meterse en la pelea, pero ya había sangre en el agua.

Porque Monterrey no se detuvo ahí. Volvió a picar Canales, y el partido dejó de ser una disputa para convertirse en una fuga. Con la defensa local cada vez más expuesta, aparecieron también los zarpazos de ocioso castigo: Alfonso González, después Brandon Vázquez. La superioridad visitante terminó expresándose no solo en la posesión, que fue amplia y constante, sino en la serenidad con la que convirtió cada espacio en una amenaza. Hasta los remates que no fueron gol parecían parte del mismo plan: golpear, esperar, volver a golpear.

Necaxa, ya partido y sin red, tuvo al menos el gesto final de no bajar la cabeza. Héctor Jurado descontó sobre el cierre, un gol que llegó tarde para reescribir la historia pero suficiente para evitar que la tarde quedara sellada en silencio absoluto. Fue un alivio mínimo en medio de una derrota pesada, una de esas que dejan ruido en el vestidor porque el marcador no cuenta todo, pero sí duele todo.

Monterrey salió de Aguascalientes con una goleada y con la certeza de haber sabido esperar el momento justo. Necaxa, en cambio, se quedó con la lección más dura del futbol: a veces el partido se rompe muy temprano, pero se pierde mucho después.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.