sábado, 1 de agosto de 2026
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Necaxa se impone a Mazatlán con paciencia y colmillo

Necaxa sostuvo la pelota, resistió el golpe del empate y encontró en A. Pena el gol que decidió una noche tensa ante Mazatlán en el Clausura.

Necaxa se impone a Mazatlán con paciencia y colmillo
Necaxa se impone a Mazatlán con paciencia y colmilloFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que no se ganan desde el arrebato, sino desde la insistencia. Necaxa entendió pronto que la noche le pedía mandar, ocupar campo rival y no desesperarse cuando Mazatlán se acomodara en esa frontera incómoda entre resistir y salir con veneno. El balón fue rojiblanco durante largos tramos, no como adorno, sino como herramienta: pases seguros, circulación paciente y una presión que fue empujando el partido hacia el área visitante.

El primer golpe llegó cuando el encuentro todavía estaba tomando forma. J. Ruiz encontró el gol y le dio a Necaxa el premio a un inicio en el que había decidido jugar lejos de su portería. No fue un chispazo aislado: el equipo local acumuló llegadas, abrió la cancha, probó desde dentro y desde fuera, y obligó a Mazatlán a vivir más tiempo del que quería mirando de frente a su propio arquero. La cifra de 20 remates no explica por sí sola el partido, pero sí dibuja una idea: Necaxa no fue un equipo de una sola ocasión.

Mazatlán, sin embargo, no se quebró. Hay equipos que con poco fabrican una amenaza real, y el visitante hizo exactamente eso. Con menos pelota y menos volumen ofensivo, encontró aire antes del descanso con Fabio Gomes. El empate cambió el sonido del partido. Lo que parecía una noche bajo control se volvió una prueba de carácter para Necaxa, porque el fútbol castiga a quien cree que dominar equivale a sentenciar. Mazatlán había tirado menos, había pasado menos, había pisado menos el campo contrario, pero estaba vivo. Y eso, en una cancha mexicana, siempre pesa.

La segunda mitad arrancó áspera. Las amarillas a Lucas Merolla y Jair Díaz hablaron de un Mazatlán obligado a cortar, a llegar tarde alguna vez, a ensuciar el ritmo antes de que Necaxa volviera a instalarse. Pero justo cuando el partido pedía calma, apareció A. Pena. Su gol no fue solo el 2-1: fue el momento en que Necaxa recuperó el mando emocional de una noche que se le había torcido. A partir de ahí, el equipo local jugó con una mezcla de ambición y cuidado, consciente de que todavía quedaba demasiado reloj para sentirse a salvo.

Mazatlán movió piezas, buscó piernas frescas y trató de estirar el partido con J. Ovalle, M. Zaleta y S. Godinez entre los cambios que marcaron su intento de reacción. Necaxa también ajustó, y la entrada de T. Badaloni primero, más tarde la de C. Calderon, acompañó ese tramo en el que el partido dejó de ser pulcro y empezó a jugarse con los nervios. La visita empujó como pudo; Necaxa respondió con oficio, sin renunciar del todo a atacar, pero entendiendo que cada pérdida podía abrir una puerta peligrosa.

El cierre tuvo filo. La amarilla a Billy Arce en el 87 anticipó un final caliente, y Necaxa terminó también amonestado con Rogelio Cortéz Pineda y Raúl Martínez cuando el reloj ya mordía los últimos segundos. No fue una victoria cómoda, aunque los números digan que el local tuvo más balón, más precisión y más caminos al arco. Fue una victoria trabajada, de esas que mezclan control con sobresaltos, autoridad con sudor.

Necaxa ganó porque insistió más y porque supo levantarse del golpe que le dio Fabio Gomes. En una noche donde Mazatlán convirtió la resistencia en amenaza, el equipo local encontró la respuesta justa. No le sobró nada, pero le alcanzó con lo que más vale cuando el partido se cierra: la convicción de seguir empujando hasta que la puerta ceda.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.