sábado, 1 de agosto de 2026
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Necaxa y Querétaro se quedaron a medias en una noche de tensión y nervios

El partido tuvo pausa, empujones y un cierre que se fue hasta la lotería de los penales, donde fallar y acertar valió lo mismo que resistir.

Necaxa y Querétaro se quedaron a medias en una noche de tensión y nervios
Necaxa y Querétaro se quedaron a medias en una noche de tensión y nerviosFoto · Agencia LIGAMX

Hubo algo de sospecha desde temprano. Querétaro quiso llevar el partido con la pelota, con más orden y un poco más de presencia en campo rival, pero Necaxa nunca se dejó arrastrar del todo por ese libreto. La tarde fue acomodándose entre roces, interrupciones y una sensación rara: nadie se adueñaba de verdad del juego, aunque los dos insistían en parecerlo.

El primer golpe llegó cuando el encuentro ya pedía una definición. Necaxa encontró el espacio y lo cobró con la calma de quien por fin logra abrir una puerta que llevaba rato cerrada. El gol de D. Cambindo parecía inclinar la balanza hacia los locales, porque hasta entonces el duelo había sido más de resistencia que de brillo. Pero Querétaro respondió casi de inmediato, con F. Lértora apareciendo para devolverle el equilibrio a una noche que no quería quedarse quieta. En dos minutos, el partido volvió a cero emocionalmente, como si todo lo anterior hubiera servido apenas para preparar ese choque de voluntades.

A partir de ahí, el trámite se hizo más áspero. Querétaro movió piezas, buscó piernas frescas y trató de sostener una ligera ventaja en la posesión que, en realidad, nunca se tradujo en dominio limpio. Necaxa también retocó su estructura, pero el juego ya estaba instalado en un terreno incómodo: mucha disputa, poco aire y pocas ventanas para pensar. Los remates llegaban, sí, aunque más por empuje que por claridad. El balón se movía, pero no siempre decía algo.

Y cuando el reloj se fue al límite, el partido terminó por pedir una resolución a la vieja usanza, desde el punto penal. Ahí ya no hubo táctica que valiera. Hubo nervio, pierna y temple. Querétaro tropezó en un par de turnos decisivos, Necaxa también dejó escapar uno, y la tanda fue avanzando como avanzan estas cosas: entre el ruido de los que celebran y el vacío de los que se quedan mirando el césped. Aun con los fallos, cada cobro cargó el peso de una eliminatoria entera.

No fue una noche de belleza ni de desborde. Fue una noche de supervivencia, de insistencia y de ese tipo de fútbol que no se recuerda por lo que promete, sino por lo que obliga a soportar. Necaxa y Querétaro se fueron igualados en el marcador, pero el partido dejó otra verdad más dura: cuando nadie consigue romperlo a tiempo, el juego se vuelve una prueba de carácter. Y ahí, hasta el último tiro, nadie regaló nada.

Redaccion LIGAMX.com
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