sábado, 1 de agosto de 2026
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Países Bajos madruga a Túnez y no suelta el volante

Un arranque feroz le abrió el partido a Países Bajos, que administró la pelota, resistió el intento de reacción tunecino y cerró con autoridad el 3-1.

Países Bajos madruga a Túnez y no suelta el volante
Países Bajos madruga a Túnez y no suelta el volanteFoto · Agencia LIGAMX

A Túnez le pasó lo peor que puede pasarle a un equipo que necesita entrar al partido con la cabeza fría: el juego lo sacudió antes de que pudiera acomodarse. Apenas se estaba formando la tarde, apenas se estaban reconociendo las camisetas, cuando Países Bajos ya había encontrado una grieta. No fue una llegada larga ni una obra paciente. Fue un golpe torcido, cruel, de esos que cambian el aire: Ellyes Skhiri terminó empujando la pelota hacia su propia portería y el plan tunecino empezó a arder demasiado pronto.

El segundo golpe llegó enseguida, y ahí la herida dejó de ser accidente. Brian Brobbey apareció para convertir el desconcierto en ventaja real, para darle a los neerlandeses esa comodidad peligrosa que a veces adormece, pero que esta vez les sirvió para mandar. Con el marcador inclinado desde el arranque, Países Bajos se instaló en el partido como quien pone una silla en medio del campo. La pelota fue suya durante casi toda la noche, un dominio largo, de 72% de posesión, no como adorno sino como método para quitarle aire al rival.

Túnez no se rompió. Esa fue su virtud. Con tan poco balón, apenas un 28%, tuvo que jugar a sobrevivir primero y a morder después. Defendió mucho, corrió detrás de sombras naranjas y aun así encontró momentos para asomarse. No fue un equipo resignado, aunque el partido lo empujara a parecerlo. Sus cuatro tiros a puerta cuentan algo más que una cifra: cuentan que, incluso lejos de la pelota, hubo intención de volver.

La prueba llegó en el segundo tiempo. Hazem Mastouri firmó el descuento y por unos minutos el encuentro dejó de parecer controlado. El 2-1 abrió esa zona incómoda donde el favorito empieza a mirar de reojo, donde cada pérdida pesa más y cada ataque rival parece traer una pregunta. Túnez empujó con lo que tenía, movió el banco con Rani Khedira, Anis Ben Slimane y Mohamed Amine Ben Hamida casi de inmediato, y el partido se volvió menos limpio para Países Bajos, más áspero, más humano.

Pero la respuesta neerlandesa fue la de un equipo que sabe apagar incendios sin ponerse nervioso. Jan Paul van Hecke apareció para devolver la distancia y cortar de raíz la sospecha. Ese tercer gol tuvo valor de portazo: no sólo aumentó la ventaja, también le quitó al descuento tunecino la fuerza emocional que había conseguido. A partir de ahí, el guion volvió a manos de Países Bajos, que siguió llegando, acumuló veinte remates y obligó al arquero rival a trabajar más de una vez.

El tramo final fue de administración y piernas frescas. Frenkie de Jong, Tijjani Reijnders y Donyell Malen entraron en una misma ventana para sostener el pulso; más tarde también apareció Cody Gakpo en la rotación. Túnez, con Ismael Gharbi y luego otro movimiento ya sobre el final, siguió buscando una rendija, pero el partido estaba demasiado cuesta arriba. No hubo tarjetas que disfrazaran la impotencia ni una batalla descontrolada: sólo un equipo con el balón, el tiempo y el marcador de su lado.

Países Bajos ganó porque pegó primero, porque pegó dos veces antes de que Túnez pudiera respirar y porque, cuando el rival insinuó una rebelión, volvió a clavar la bandera en el área contraria. En una Copa del Mundo, madrugar también es una forma de mandar.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.