sábado, 1 de agosto de 2026
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Pachuca golpeó primero y sobrevivió al regreso de Necaxa

Pachuca venció 2-1 a Necaxa en un partido que parecía bajo control y terminó apretado, con los Rayos empujando y la tensión creciendo hasta el cierre.

Pachuca golpeó primero y sobrevivió al regreso de Necaxa
Pachuca golpeó primero y sobrevivió al regreso de NecaxaFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que cambian de temperatura sin pedir permiso. Pachuca lo tuvo en la mano, cómodo en el marcador y punzante en cada llegada, pero Necaxa le fue metiendo ruido a la noche hasta convertir una victoria que parecía encaminada en un ejercicio de resistencia. El 2-1 final no cuenta solo quién pegó más fuerte; cuenta quién supo vivir mejor con el incendio cerca.

El primer tramo fue de los Tuzos, no tanto por tener la pelota como por saber qué hacer cuando la encontraban. Necaxa administró más posesión, movió más pases, intentó instalarse en campo rival, pero Pachuca fue el equipo que lastimó. A los 14 minutos apareció A. Domínguez para abrir el partido y darle a los locales esa ventaja que ordena las ideas. No necesitaban mandar siempre. Necesitaban morder cuando el espacio apareciera.

Y lo hicieron otra vez antes del descanso. O. Idrissi firmó el segundo a los 33 minutos y el partido pareció inclinarse hacia una tarde de control tuzo. La ventaja tenía peso porque Pachuca no estaba llegando de casualidad: obligó al arquero visitante a trabajar una y otra vez, acumuló remates al arco y encontró profundidad por dentro y por fuera. Necaxa, en cambio, tenía circulación, pero le costaba convertirla en amenaza real. Mucha pelota, poca herida.

El descanso llegó con una decisión fuerte del lado visitante: tres cambios de golpe. I. Tello, K. Rosero y R. Martínez entraron para sacudir un equipo que necesitaba algo más que posesión. Y la respuesta llegó pronto. J. Ruiz descontó a los 53 minutos y, de pronto, el partido dejó de ser una ruta limpia para Pachuca. El gol no solo achicó la distancia; cambió el aire. Los Rayos empezaron a creer, los Tuzos empezaron a medir cada salida con otra tensión.

A partir de ahí, el juego se volvió áspero, cortado, de duelos. Pachuca siguió encontrando ocasiones —nueve disparos a portería no nacen de la nada—, pero ya no jugó con la misma libertad. Necaxa empujó con la pelota y con los cambios finales, buscando una última grieta. Los locales respondieron con piernas frescas y con oficio, aunque también con amonestaciones que mostraban el costo de sostener la ventaja. Carlos Sánchez vio amarilla, luego Carlos Moreno, y el tramo final se jugó con el reloj como rival adicional.

Necaxa terminó con más balón, más pases y una sensación de insistencia que no alcanzó para igualar. Su descuento había abierto la puerta, pero Pachuca la fue cerrando a golpes de despeje, pausa y concentración. En el cierre, la frustración visitante se tradujo en tarjetas: Alexis Peña, Cristian Calderón, Lorenzo Faravelli y Emilio Lara fueron amonestados en un final cargado de nervio. No hubo belleza en esos minutos. Hubo supervivencia.

Pachuca ganó porque fue más filoso cuando el partido todavía estaba limpio y porque supo ensuciarse cuando dejó de estarlo. Necaxa se fue con el empuje de una reacción incompleta; los Tuzos, con tres puntos que no se explican por la posesión sino por el filo. A veces el fútbol no premia al que más toca, sino al que mejor corta.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.