Pachuca se repone al susto y castiga a Santos con una noche de V. Guzmán
Santos pegó al primer minuto, pero Pachuca tomó la pelota, encontró a V. Guzmán y terminó imponiendo su ley en el Clausura.

A Pachuca le encendieron la alarma cuando todavía había gente acomodándose en la butaca. El partido apenas respiraba y Santos Laguna ya había encontrado el golpe que todo visitante sueña: L. Di Yorio apareció para poner la tarde cuesta arriba y sembrar esa incomodidad que no se mide en estadísticas, sino en silencios. Fue un inicio brusco, una pedrada contra el plan. Pero también fue, visto con el paso de los minutos, la chispa que despertó al local.
Pachuca no se desordenó. Tomó la pelota como quien recupera una conversación interrumpida y empezó a jugar en campo rival. La posesión no fue adorno: fue una forma de apretar. Con pases cortos, paciencia y una circulación limpia, los Tuzos fueron metiendo a Santos en su mitad hasta que V. Guzmán encontró el primer hueco. Su empate no llegó como accidente, sino como consecuencia de un equipo que había decidido no correr detrás del partido, sino agarrarlo del cuello.
Ahí cambió el aire. Santos, que había empezado con la ventaja perfecta, fue perdiendo metros y claridad. Pachuca, en cambio, ganó confianza. V. Guzmán volvió a aparecer antes del descanso y el partido se inclinó hacia el lado de los locales, que ya no solo tenían la pelota: tenían el mando emocional. La diferencia entre ambos empezó a notarse en la manera de atacar. Pachuca terminaba jugadas, pisaba el área, probaba desde fuera. Santos, más intermitente, casi no volvió a mirar de frente al arco rival.
La jugada que terminó de romper la noche llegó después del descanso. Bruno Amione vio cómo el VAR transformaba la revisión en castigo mayor, y Santos se quedó con uno menos en un tramo en el que ya caminaba por la cornisa. La expulsión no inventó el dominio de Pachuca, pero sí le quitó a la visita el poco margen que le quedaba. Con espacios y superioridad, el equipo de casa ya no tuvo que pedir permiso.
Entonces apareció otra vez V. Guzmán. Su tercer gol fue el golpe que terminó de poner nombre propio a la crónica. Hay partidos en los que un futbolista no necesita exagerar gestos para apropiarse de la escena; le basta con estar donde la noche lo reclama. Pachuca había construido una ventaja con volumen y precisión: 16 remates, ocho a portería, una circulación cercana a la perfección y una sensación constante de que el siguiente ataque podía hacer daño. Santos, reducido a cuatro intentos en todo el juego y con una sola pelota entre los tres palos, sobrevivía más por orgullo que por plan.
C. Sánchez amplió la cuenta cuando el partido ya tenía dueño, y el autogol de J. Ramírez cerca del final apenas movió la fotografía, no el relato. Santos se llevó dos goles de una noche en la que produjo poco y sufrió mucho. Pachuca, que comenzó herido al primer minuto, terminó celebrando una victoria de autoridad en la jornada 14 del Clausura.
La noche empezó torcida; Pachuca la enderezó a golpes de fútbol.
