sábado, 1 de agosto de 2026
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Portugal convierte el grupo en una declaración

Portugal aplastó 5-0 a Uzbekistán con doblete de Cristiano Ronaldo, mando total de la pelota y una noche que se quebró demasiado pronto para el debutante asiático.

Portugal convierte el grupo en una declaración
Portugal convierte el grupo en una declaraciónFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que se rompen por una jugada y otros que nacen ya torcidos. Para Uzbekistán, esta noche perteneció a los segundos. Apenas había tiempo para acomodarse al ruido de una Copa del Mundo cuando Portugal ya había clavado la primera bandera: Cristiano Ronaldo apareció a los seis minutos y el partido dejó de ser una pregunta para convertirse en una pendiente.

Portugal jugó con esa serenidad cruel de los equipos que no necesitan correr para hacer daño. Tuvo la pelota, la escondió cuando quiso y la aceleró cuando olió sangre. El 66% de posesión no fue adorno, fue control. Cada pase parecía empujar a Uzbekistán un metro más hacia su área, cada circulación le quitaba aire a un rival que pronto entendió que la noche iba de resistir antes que de discutir.

El golpe de Nuno Mendes, poco después, terminó de ajustar el guion. Uzbekistán ya cargaba con una amarilla para Otabek Khamrobekov y con esa sensación incómoda de estar siempre tarde, siempre un paso detrás. Intentó asomarse, tuvo un respiro cuando A. Ganiev encontró lo que por un instante pareció una grieta, pero el VAR borró el gol por falta. No fue solo una decisión arbitral: fue el cierre de la única puerta que había quedado entreabierta.

Antes del descanso, Ronaldo volvió a marcar. Y ese tercer gol tuvo peso de sentencia. No porque quedara poco partido, sino porque Portugal transmitía la impresión de tener más marchas guardadas. Había rematado, había entrado al área, había manejado los tiempos con una precisión que rozó el trámite. Sus 623 pases, con una eficacia altísima, explican mejor que cualquier gesto la naturaleza del dominio: no fue una avalancha desordenada, fue una administración paciente del castigo.

El descanso trajo cambios en ambos lados, pero no cambió la temperatura del encuentro. Portugal metió piernas frescas con João Cancelo y Pedro Neto; Uzbekistán movió piezas para intentar sobrevivir al segundo acto. El partido, sin embargo, ya estaba atrapado en una lógica difícil de romper. Cuando llegó el autogol de A. Nematov, el marcador dejó de medir únicamente la diferencia futbolística y empezó a reflejar también la carga emocional de una noche que se le había hecho enorme al equipo uzbeko.

Portugal, incluso con el resultado decidido, no se abandonó. Entraron João Félix, João Neves y Vitinha, y el equipo mantuvo el pulso. Hubo una amarilla para R. Veiga, algún intento aislado de Uzbekistán y poco más. Los asiáticos apenas pudieron exigir dos veces al guardameta portugués; su producción ofensiva quedó atrapada en una cifra mínima, tan baja como la sensación de amenaza que consiguió generar.

El cierre lo puso Rafael Leão, ya en el tramo final, como si Portugal necesitara una última pincelada para que la goleada tuviera forma completa. Fue el quinto, pero también fue el retrato de la noche: un equipo todavía con filo frente a otro que ya solo quería que el reloj terminara de caer.

Portugal no solo ganó. Ordenó el partido a su antojo, lo partió temprano y lo cerró tarde, sin levantar la voz. En un Mundial, eso también es una advertencia: algunos triunfos suman puntos; otros hacen ruido en todo el grupo.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.