sábado, 1 de agosto de 2026
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Puebla empuja, Necaxa resiste: un cero que hizo ruido

Puebla tuvo la pelota, el territorio y un hombre más durante media hora, pero Necaxa sobrevivió con oficio y el Clausura dejó un empate sin goles cargado de fricción.

Puebla empuja, Necaxa resiste: un cero que hizo ruido
Puebla empuja, Necaxa resiste: un cero que hizo ruidoFoto · Agencia LIGAMX

Hay empates que no se parecen a la nada. Este, aunque terminó sin goles, tuvo el ruido de los partidos ásperos: piernas cruzadas, reclamos al árbitro, centros que viajaron como preguntas sin respuesta y un equipo local mirando el área rival como quien mira una puerta cerrada desde hace demasiado tiempo. Puebla tuvo la llave muchas veces. Nunca encontró la cerradura.

La noche se acomodó pronto en un lugar reconocible. Puebla quiso mandar desde la pelota, hacer ancho el campo, juntar pases y empujar a Necaxa hacia su propio arco. No fue una posesión decorativa: los locales terminaron con más de una hora de dominio real, 62% de balón y una circulación limpia, de esas que prometen más de lo que entregan. Pero el fútbol no premia la caligrafía. Premia el golpe. Y ahí, en el último gesto, Puebla se quedó corto.

Necaxa aceptó el papel incómodo sin dramatizarlo. Corrió, chocó, ensució cuando tuvo que ensuciar y jugó buena parte del partido como si el empate fuera una trinchera y no un accidente. Las amarillas de Danny Leyva y Emilio Lara antes del descanso ya contaban una historia de límite: la visita no estaba en Puebla para adornar la jornada. El local tampoco salió limpio de esa batalla. Eduardo Navarro y Nicolás Díaz fueron amonestados en un primer tiempo que avanzó más a empujones que a ráfagas.

El punto de quiebre llegó al minuto 60, cuando Kevin Rosero vio la roja. Ahí el partido cambió de temperatura. Lo que hasta entonces era una pulseada se convirtió en asedio. Puebla, con un hombre más, se instaló todavía más arriba, acumuló remates, buscó por dentro y por fuera, metió piernas frescas y cargó el área con insistencia. Los números explican la sensación: 21 disparos, 13 dentro del área, seis tiros de esquina. Mucho volumen. Mucho gol rondando. Ningún gol.

También hay mérito en sobrevivir. Necaxa apenas obligó una vez al guardameta poblano, pero su resistencia no se sostuvo solo con suerte. Hubo piernas para bloquear, concentración para cerrar líneas y un portero que respondió tres veces cuando el partido amenazó con romperse. En la otra área, Puebla fue acumulando frustración. Cada tiro desviado parecía engordar el murmullo. Cada rebote rechazado confirmaba que la noche no estaba para festejos.

La Franja apretó con cambios, con centros, con esa urgencia que aparece cuando el reloj deja de ser medida y se vuelve enemigo. Edgar Guerra vio amarilla en el tramo final, otra señal de un partido que se fue llenando de ansiedad. Necaxa también movió piezas para aguantar el peso del cierre. Ya no se trataba de jugar bonito, sino de no caer. Y no cayó.

El 0-0 deja una lectura incómoda para Puebla: hizo casi todo lo que suele pedirse para ganar, menos convertir. Necaxa, reducido y acorralado, se llevó un punto trabajado desde el sacrificio y la resistencia. A veces el empate no reparte justicia; reparte cicatrices. Y esta vez, el gol se quedó afuera como un invitado al que nadie pudo hacer pasar.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.