sábado, 1 de agosto de 2026
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Pumas espera hasta el último aliento y derriba al América

En un partido apretado, áspero y cargado de tensión, Pumas resistió el dominio territorial del América y lo venció con un penal de R. Morales al minuto 90.

Pumas espera hasta el último aliento y derriba al América
Pumas espera hasta el último aliento y derriba al AméricaFoto · Agencia LIGAMX

La noche se fue cerrando como una puerta pesada, de esas que no ceden aunque uno empuje con todo el cuerpo. América tuvo la pelota durante largos tramos, la movió con paciencia, acumuló pases, instaló el partido en campo rival y obligó a Pumas a vivir con el pulso alto. Pero el equipo universitario no se quebró. Aguantó, mordió, se ensució si hacía falta y esperó esa rendija mínima que a veces separa una jornada común de una victoria que se guarda en la memoria.

No fue un partido de fuegos artificiales. Fue más bien una lucha de nervios. Pumas entendió pronto que no iba a gobernar desde la posesión y aceptó el papel incómodo: correr detrás, cerrar líneas, discutir cada metro. Las amarillas de P. Vite, A. Angulo y G. Martínez fueron dejando huella de una resistencia al límite, una frontera cada vez más delgada entre la firmeza y el exceso. América también entró en ese barro, con C. Borja, S. Cáceres y A. Mejía amonestados, como si el juego se negara a fluir y prefiriera resolverse en choques, pausas y miradas tensas al árbitro.

La diferencia estuvo en lo que cada equipo hizo con su dominio. América manejó más la pelota, casi como una declaración de autoridad, y completó una circulación limpia, de equipo que sabe dónde están sus piezas. Pero ese control no siempre encontró veneno. Sus intentos llegaron, cuatro a portería, y obligaron al guardameta universitario a sostener el partido con intervenciones que fueron tan valiosas como discretas. Pumas, con menos balón, produjo peligro de otra manera: menos conversación, más filo. Sus llegadas tuvieron peso real, especialmente dentro del área, donde el partido empezó a insinuar que el golpe podía venir del lado que menos hablaba.

Los movimientos desde la banca intentaron romper el candado. América llamó a Raphael Veiga y más tarde agitó el tablero con E. Sánchez y B. Rodríguez; ya sobre el cierre también aparecieron A. Zendejas y P. Salas. Pumas respondió con Juninho, después con A. Carrasquilla, y guardó una carta para el final: R. Morales. En partidos así, los cambios no siempre cambian el paisaje de inmediato. A veces solo preparan el último relámpago.

Y el relámpago llegó cuando el reloj ya pesaba más que las piernas. Minuto 90. Penal para Pumas. La escena tenía todo lo que exige un cierre cruel: cansancio, tensión, un estadio contenido en una respiración y la sensación de que no habría margen para reparar nada. R. Morales tomó la responsabilidad y la convirtió en gol. No hizo falta más. América, que había tenido la pelota y el mapa, se quedó sin tiempo para discutirle al destino.

La victoria de Pumas no se explica desde la comodidad. Se explica desde la resistencia, desde las cuatro atajadas que mantuvieron la puerta cerrada, desde la paciencia de un equipo que aceptó sufrir sin perder la cara. Ganó con poco balón, sí, pero con una convicción enorme. Hay triunfos que se construyen atacando; este nació de aguantar hasta que el partido parpadeó.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.