sábado, 1 de agosto de 2026
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Pumas golpeó temprano, dudó un rato y terminó domando a Mazatlán

Con goles de R. Morales, Juninho y G. Martínez, Pumas venció 3-1 a Mazatlán en una noche que empezó cómoda, se ensució con el descuento y acabó bajo control universitario.

Pumas golpeó temprano, dudó un rato y terminó domando a Mazatlán
Pumas golpeó temprano, dudó un rato y terminó domando a MazatlánFoto · Agencia LIGAMX

A veces un partido se abre como una puerta mal cerrada: apenas se toca y cede. Pumas lo entendió desde el primer suspiro, cuando todavía no había tiempo para medir nervios ni acomodar marcas. El equipo universitario salió con el colmillo afilado, empujó a Mazatlán hacia su área y encontró muy pronto el premio con R. Morales. Ese gol no fue una anécdota tempranera; fue una declaración de ritmo.

La segunda estocada llegó antes de que el visitante pudiera recomponerse. Juninho firmó el 2-0 y el encuentro pareció tomar ese aire de trámite peligroso, el que invita al dueño de casa a sentirse demasiado cómodo y al rival a jugar ya sin tanto cálculo. Pumas tenía la pelota, la movía con pulso limpio y encontraba caminos por dentro y por fuera. No fue dominio hueco: terminó la noche con 18 remates, ocho de ellos a portería, y una sensación constante de que cada ataque podía romper algo más.

Mazatlán, sin embargo, no se deshizo. Aguantó el golpe como pudo y empezó a meter el partido en una zona menos amable para Pumas. El descuento de J. Ovalle, antes del descanso, cambió la temperatura. Lo que parecía una noche bajo control se convirtió en un ejercicio de carácter. Ya no bastaba con circular la pelota ni con presumir precisión en el pase; había que sostener la ventaja cuando el rival olía una grieta.

Ahí apareció el tramo más áspero. Pumas conservó la posesión, esa mayoría de balón que le permitió respirar y mandar, pero Mazatlán tuvo sus momentos. No llegó de adorno: exigió cuatro atajadas y obligó a que el partido se jugara también desde la vigilancia, no solo desde la inspiración. La amarilla a Keylor Navas, en el mismo minuto en que Brian Rubio también vio tarjeta, retrató el punto exacto de la noche: tensión compartida, piernas fuertes, reclamos en el aire y el marcador todavía sin sentencia.

La diferencia estuvo en que Pumas encontró la manera de no quedarse atrapado en la duda. Movió piezas pasada la hora y recuperó filo. G. Martínez, a los 68 minutos, puso el tercero y le devolvió al juego una lógica que se había extraviado durante un rato. Ese gol cayó como un candado. Mazatlán siguió intentando, hizo cambios, buscó energía fresca y terminó con otra amarilla en el cierre, pero ya corría detrás de un partido que Pumas había vuelto a tomar con las manos.

No fue una goleada de exhibición permanente, porque hubo un tramo en el que la ventaja se sintió vulnerable. Tampoco fue una victoria de sufrimiento extremo, porque el local produjo lo suficiente para justificar el margen y obligó al arquero rival a trabajar más de lo que cualquier visita desea. Fue, más bien, un triunfo con cicatriz: brillante en el arranque, incómodo en el medio, firme al final.

En la fecha 14 del Clausura de Liga MX, Pumas ganó porque golpeó primero, porque no se rompió cuando Mazatlán le discutió la noche y porque supo cerrar la puerta antes de que el partido se le metiera hasta la cocina. Hay victorias que se celebran por los goles; esta también se explica por el momento en que Pumas decidió dejar de dudar.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.