sábado, 1 de agosto de 2026
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Pumas golpea temprano y apaga a un Pachuca herido

Un gol de Antuna y la roja a Brian García marcaron una noche torcida para Pachuca, que empujó con orgullo pero cayó 0-2 ante unos Pumas de oficio.

Pumas golpea temprano y apaga a un Pachuca herido
Pumas golpea temprano y apaga a un Pachuca heridoFoto · Agencia LIGAMX

A veces un partido se rompe antes de que alcance a acomodarse en la silla. Pachuca todavía buscaba el pulso de la noche cuando Pumas ya le había clavado una daga: U. Antuna apareció al minuto cinco y cambió el paisaje. Un minuto después, Brian García vio la roja. En dos acciones casi pegadas, el duelo dejó de parecer una jornada más del Clausura y se convirtió en una cuesta empinada, de esas que obligan a jugar contra el rival, contra el reloj y contra el propio enojo.

Pumas entendió rápido el regalo del contexto. No necesitó jugar con estruendo, sino con mando. Tuvo la pelota durante largos tramos, la administró con una precisión que enfrió el ritmo y obligó a Pachuca a correr detrás de sombras. Sus 569 pases no fueron un adorno estadístico: fueron una forma de anestesia. Cada circulación visitante estiraba un poco más al equipo local, que ya cargaba el peso de estar con diez desde el arranque.

Pero Pachuca no se entregó. Ahí estuvo el nudo del partido. Con menos balón y menos hombres, encontró maneras de ensuciar la comodidad de Pumas. Cargó el área, ganó tiros de esquina, remató más que su rival y obligó al arquero universitario a trabajar. No hubo belleza limpia en esa reacción, sino orgullo, empuje y una especie de rebeldía imperfecta. El equipo hidalguense terminó con 17 disparos, muchos nacidos de la urgencia, de centros, rebotes y segundas jugadas. La estadística dice una cosa; el cuerpo del partido decía otra: Pachuca estaba herido, pero seguía mordiendo.

La diferencia fue que Pumas no perdió la cabeza. Hubo amarillas, hubo roces, hubo momentos en los que el partido amenazó con desordenarse, pero el equipo visitante sostuvo la ventaja con una madurez práctica. Antes del descanso, R. Morales transformó un penal y colocó el 0-2 que cambió el tono de la segunda mitad. Ya no se trataba solo de resistir el impulso local. Ahora Pumas podía elegir cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo dejar que el juego se consumiera lejos de su arco.

Pachuca movió piezas al regreso, luego insistió con O. Idrissi, y más tarde buscó otra sacudida con Kenedy en el tramo final. El problema era que cada intento nacía contra una estructura ya instalada. Pumas cerraba pasillos, bloqueaba disparos y, cuando el balón lograba pasar, tenía respuesta. No fue una exhibición de fuegos artificiales. Fue una victoria de esas que se construyen desde la ventaja temprana y se defienden con la serenidad de quien sabe que el partido ya está donde le conviene.

El cierre terminó de teñir la noche de frustración para Pachuca. Salomón Rondón vio amarilla y luego roja en un minuto final cargado de tensión, con un penal que el VAR terminó cancelando. La imagen resumió el destino local: empuje, protesta, ilusión breve y golpe seco. Pachuca acabó con nueve, empujando contra una pared que no se caía.

Pumas se llevó un 0-2 valioso porque golpeó primero, leyó mejor el caos y no se dejó arrastrar por la ansiedad ajena. Pachuca peleó mucho más de lo que el marcador sugiere, pero el futbol también castiga los inicios torcidos. Esta vez, la noche se le escapó antes de empezar.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.