sábado, 1 de agosto de 2026
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Pumas rescató un empate desde el desorden

Cruz Azul tuvo el partido en la mano, pero Pumas sobrevivió a las tarjetas, al 0-2 y a la expulsión de Nathan Silva para firmar un 2-2 cargado de tensión.

Pumas rescató un empate desde el desorden
Pumas rescató un empate desde el desordenFoto · Agencia LIGAMX

Hay empates que no se explican desde la calma. Este nació entre la aspereza, el ruido de las tarjetas y esa sensación incómoda de que Pumas caminaba demasiado cerca del precipicio. Antes de que el partido encontrara una forma clara, Adalberto Carrasquilla y Nathan Silva ya estaban amonestados. El margen emocional era mínimo. Cruz Azul lo entendió pronto: había que empujar ahí, sobre la grieta.

La Máquina no necesitó la pelota como propiedad, sino como herramienta. La manejó menos que Pumas, pero la usó con más filo. Llegó una y otra vez, abrió el campo, probó desde dentro y desde fuera, obligó a Keylor Navas a sostener la noche con manos pesadas. El primer golpe llegó por N. Ibanez, cuando el partido empezaba a inclinarse, y el segundo lo firmó C. Rodriguez antes del descanso. Dos mazazos en siete minutos. Para Pumas, que apenas encontraba claridad arriba, el entretiempo no fue una pausa: fue una sala de urgencias.

El equipo universitario tenía más balón, sí, pero lo tenía como quien carga algo frágil y no sabe dónde ponerlo. Mucho pase, poca herida. Cruz Azul, en cambio, acumulaba remates y sensación de peligro. El 0-2 parecía una ventaja lógica, incluso corta para el volumen celeste. Pero el futbol no siempre premia el caudal; a veces se tuerce por una jugada, por una decisión, por un rebote que cambia el pulso de todos.

Pumas movió el banco de golpe al 54, con J. Carrillo, A. Angulo y A. Medina, y el partido cambió de temperatura. No fue una transformación limpia ni luminosa. Fue más bien un acto de supervivencia. Willer Ditta vio amarilla y de esa acción nació el penal que Juninho convirtió para devolverle aire a los locales. Un solo tiro a puerta le bastó a Pumas para meterse otra vez en la conversación. Eso también cuenta: saber colarse por la rendija cuando todo parece cerrado.

El problema es que la noche todavía pedía otra prueba. Nathan Silva, que arrastraba aquella amarilla tempranera, volvió a cruzar la línea y dejó a Pumas con diez. El empate parecía alejarse justo cuando se había vuelto posible. Guillermo Martínez también fue amonestado, después Keylor Navas, más tarde Pablo Bennevendo. El partido se volvió un alambre: cada disputa cargaba electricidad, cada despeje sonaba a alivio.

Cruz Azul tuvo campo, piernas frescas y ocasiones para matar. Sus 24 disparos contaron una historia de dominio, pero no de sentencia. Pumas resistió como pudo, con cinco atajadas de Keylor y una defensa obligada a vivir dentro del incendio. Entonces apareció el giro más cruel para La Máquina y más valioso para los universitarios: Willer Ditta mandó la pelota a su propia portería y el 2-2 cayó como caen los goles que no se planean, pero se celebran igual.

No fue un empate elegante para Pumas ni un resultado fácil de digerir para Cruz Azul. Fue una noche de ventajas desperdiciadas, de carácter forzado y de un equipo con diez hombres negándose a aceptar el final que parecía escrito. La Máquina tuvo el control; Pumas se quedó con la cicatriz y el punto. A veces, sobrevivir también es una forma de rugir.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.