sábado, 1 de agosto de 2026
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Querétaro rozó el golpe y Juárez le apagó la fiesta en el 90

Jhojan Julio puso a Querétaro a un paso de una victoria trabajada, pero un penalti de O. Estupiñán rescató el 1-1 para FC Juárez en un cierre feroz.

Querétaro rozó el golpe y Juárez le apagó la fiesta en el 90
Querétaro rozó el golpe y Juárez le apagó la fiesta en el 90Foto · Agencia LIGAMX

El partido pasó casi una noche entera buscando una grieta y, cuando por fin la encontró, se abrió por los dos lados. Querétaro creyó haber ganado en el minuto que suele separar la paciencia de la euforia. FC Juárez, que había llevado la pelota durante largos tramos, se negó a irse con las manos vacías. Todo ocurrió al límite, donde el futbol deja de ser plan y se vuelve pulso.

Desde el arranque hubo una señal de que nadie iba a jugar cómodo. La amarilla tempranera a Daniel Parra, apenas iniciado el duelo, ensució el aire antes de que el partido pudiera acomodarse. Juárez tomó la posesión con naturalidad, tocó más, circuló mejor y encontró cierta calma en una noche que no siempre se prestó para eso. Querétaro eligió otro camino: menos balón, más área. Menos elaboración, más insistencia.

Ahí estuvo buena parte del choque. Juárez acumulaba pases y obligaba al local a correr detrás de la jugada, pero Querétaro, con apenas un tercio de la pelota, terminó fabricando más tiros y cargando el área con una terquedad visible. No fue una avalancha limpia; fue una suma de centros, rebotes, piernas que se cruzaban y disparos que chocaban contra cuerpos. Nueve remates bloqueados cuentan una historia: la de un equipo que encontraba la puerta entrecerrada y seguía empujando.

Juárez tampoco fue un visitante tímido. Remató con mayor dirección, exigió más al arquero rival y sostuvo la noche desde el balón. La amarilla a Sebastián Jurado en la primera mitad ya había dejado la sensación de un partido con nervio, de esos en los que cada interrupción pesa un poco más de lo normal. Luego, con el paso de los minutos, las bancas empezaron a mover piezas: entraron nombres para refrescar piernas, para corregir alturas, para intentar cambiar un libreto que se iba endureciendo.

El encuentro entró al último cuarto con esa tensión rara de los partidos que parecen cerrados, aunque no lo estén. Querétaro llenó el campo de cambios, Juárez respondió con los suyos, y el juego se fue llenando de roces. Las amarillas a Jairo Torres y Madson de Souza Silva, ya cerca del final, fueron parte de ese tramo áspero en el que la pelota pesa más y las decisiones se toman con el corazón acelerado.

Entonces apareció Jhojan Julio. En el 90, cuando el empate sin goles ya parecía haber impuesto su ley, Querétaro encontró el golpe que había perseguido toda la noche. No había tenido la pelota, pero sí había tenido colmillo para merodear el área. El gol cayó como premio a esa insistencia de martillo, a ese modo de jugar sin pedir permiso.

Pero la alegría duró casi nada. En el mismo umbral del cierre, Juárez tuvo un penalti y O. Estupiñán lo convirtió para rescatar un punto que, por el desarrollo, también tenía argumentos. Fue un final cruel para el local y reparador para la visita: dos equipos que habían buscado el partido por caminos distintos terminaron abrazados al mismo resultado.

Querétaro rozó la victoria con la punta de los dedos. Juárez se la arrancó antes de que pudiera guardarla.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.