sábado, 1 de agosto de 2026
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San Luis olió la grieta y destrozó a Mazatlán

Atlético San Luis convirtió un partido áspero en una goleada de autoridad: aprovechó el error, resistió el intento de reacción y cerró con Joao Pedro Galvao como verdugo.

San Luis olió la grieta y destrozó a Mazatlán
San Luis olió la grieta y destrozó a MazatlánFoto · Agencia LIGAMX

Hay partidos que se abren con una pared, un regate o una jugada de laboratorio. Este se abrió con algo menos elegante y mucho más cruel: una grieta. Durante un buen rato, Atlético San Luis y Mazatlán caminaron por una cornisa de roces, tarjetas y precauciones, como si ambos supieran que el primero en equivocarse iba a pagar caro. Y así fue. La noche se le torció a la visita en una acción que terminó con Lucas Merolla empujando la pelota hacia su propia portería, justo cuando el segundo tiempo apenas empezaba a tomar temperatura.

Hasta entonces, el partido había tenido más tensión que claridad. San Luis cargaba con la pelota y con la responsabilidad, sin que eso significara dominio cómodo. Mazatlán se sostenía entre interrupciones, faltas medidas al límite y una línea defensiva que acumulaba advertencias: Merolla y Facundo Almada ya habían visto la amarilla antes del descanso. Del otro lado, Óscar Macías también había quedado marcado temprano por el árbitro. Era un duelo de gestos cortos, de entradas fuertes, de posesión sin paciencia plena.

El autogol cambió el aire. San Luis dejó de tocar para buscar y empezó a tocar para herir. Con más de la mitad de la pelota y una circulación limpia —432 pases, 85% de precisión—, el equipo local encontró el modo de llevar el juego al sitio que más le convenía: el área rival. Once de sus quince remates nacieron ahí, en esa zona donde las dudas pesan más que los sistemas. Mazatlán, en cambio, respondió muchas veces desde lejos, obligado a probar desde fuera porque casi nunca logró instalarse donde duele de verdad.

Joao Pedro Galvao puso el segundo y le dio cuerpo a la sensación de que San Luis ya había tomado el partido por el cuello. Mazatlán movió el banco con urgencia, metió piernas frescas, cambió nombres, buscó otra energía. Y por un instante la encontró. El gol de J. Ovalle abrió una rendija en el minuto 75, una de esas rendijas que pueden convertir una goleada posible en una noche nerviosa. El marcador volvía a respirar.

Pero San Luis no se encogió. Ahí estuvo la diferencia. En lugar de retroceder a proteger la ventaja, golpeó de inmediato. Sébastien Salles-Lamonge firmó el tercero casi enseguida y apagó el incendio antes de que Mazatlán pudiera creer demasiado. Luego vino una escena que pudo alterar el relato: un gol cancelado a Jesús Medina por revisión del VAR. Ni siquiera eso sacó al local de su carril. Había cinco atajadas del portero visitante para explicar que el marcador no era solo castigo, sino consecuencia de una insistencia bien dirigida.

El cierre tuvo todavía una última punzada. Salles-Lamonge vio la amarilla en el tramo final, como recordatorio de que el partido nunca dejó de tener filo, y Joao Pedro Galvao volvió a aparecer para poner el cuarto. Doblete suyo, goleada local y una estadística que pinta la noche con ironía: San Luis no necesitó fabricar una montaña de goles esperados para ganar por tres; le bastó con ser implacable cuando Mazatlán se quebró.

No fue una avalancha desde el primer silbatazo. Fue algo más peligroso: un equipo que esperó la fisura, metió la mano y la convirtió en derrumbe.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.