sábado, 1 de agosto de 2026
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Santos gana entre el filo y el susto ante Puebla

Con un hombre más desde antes del arranque, Santos Laguna venció 2-1 a un Puebla que se negó a desaparecer y apretó hasta el final.

Santos gana entre el filo y el susto ante Puebla
Santos gana entre el filo y el susto ante PueblaFoto · Agencia LIGAMX

El partido nació torcido, como si alguien hubiera movido el tablero antes de que la pelota empezara a rodar. Puebla cargó con una expulsión tempranísima de Edgar Guerra, un golpe de esos que suelen convertir una noche en supervivencia. Pero no se achicó. Santos Laguna tenía el hombre de más, el empuje de la obligación y el camino abierto; aun así, tardó casi una hora en encontrar la puerta.

Ese fue el primer nudo de la tarde: la ventaja numérica no le dio calma a Santos, le dio ansiedad. El equipo lagunero empujó, sí, llenó el área rival, buscó por dentro y por fuera, acumuló llegadas y corners hasta hacer del campo poblano una zona de resistencia. Pero también se fue ensuciando el partido. Bruno Amione vio amarilla temprano, Haret Ortega se sumó antes del descanso y la ventaja que parecía táctica empezó a parecer emocionalmente incómoda. Santos atacaba, pero no gobernaba del todo.

Puebla, con uno menos, hizo algo más difícil que defender: se mantuvo vivo. Tuvo la pelota más de lo que el guion recomendaba, no renunció a salir y terminó generando el mismo número total de disparos que su rival. Esa estadística, más que un dato, cuenta una rebeldía. No estaba ahí solo para despejar balones y esperar el reloj. Santos lo obligó a sufrir, claro, y su portero tuvo que responder una y otra vez, pero la visita encontró ratos para respirar y para recordar que el marcador seguía intacto.

La cerradura cedió al 59, cuando E. Bullaude convirtió la insistencia en desahogo. Fue el gol que Santos venía buscando con una mezcla de paciencia y terquedad, el que liberó una carga acumulada desde el primer tiempo. Apenas unos minutos después, A. López puso el segundo y entonces sí pareció que la noche tomaba forma de trámite. Dos golpes seguidos, el rival con diez y el partido inclinado hacia el área poblana: todo invitaba a pensar en un cierre cómodo.

Pero Puebla no aceptó ese papel. O. González recortó al 73 y cambió el aire. Donde había control apareció nervio; donde había administración apareció urgencia. Santos, que había atacado con volumen, tuvo que cerrar con el cuerpo. Las amarillas de Emmanuel Echeverría, Kevin Picon y Aldo López fueron dejando señales de un final áspero, más de oficio que de brillo. La banca se movió, entraron piernas frescas, el reloj se volvió enemigo para unos y refugio para otros.

Ahí estuvo el mérito de Santos: no jugó una obra limpia, pero resistió cuando el partido dejó de pedir ataque y empezó a exigir carácter. Hizo dos goles, generó lo suficiente para ganar y obligó al rival a vivir al límite. También concedió más de lo esperado ante un Puebla disminuido, y eso impide vender la victoria como una noche redonda.

Puebla se fue sin puntos, pero no sin postura. Santos se quedó con el triunfo, aunque tuvo que apretarlo fuerte hasta el último suspiro. A veces, jugar con uno más no simplifica el futbol: solo cambia la forma del miedo.

Redaccion LIGAMX.com
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