sábado, 1 de agosto de 2026
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Suiza golpea a tiempo y resiste el asedio de Canadá

Suiza encontró dos goles al volver del descanso y sobrevivió a un cierre cargado de nervio ante una Canadá que produjo más, empujó más y se quedó corta.

Suiza golpea a tiempo y resiste el asedio de Canadá
Suiza golpea a tiempo y resiste el asedio de CanadáFoto · Agencia LIGAMX

El partido se partió en ese territorio donde el fútbol deja de ser cómodo: la fricción. Antes de que aparecieran los goles, ya había señales de una tarde áspera, de esas en las que cada balón dividido trae una advertencia. Cyle Larin y Granit Xhaka vieron amarilla en la misma secuencia, como si el encuentro necesitara marcar sus límites antes de encontrar su forma. Canadá quería correr hacia el área. Suiza prefería gobernar el pulso, juntar pases, enfriar la escena. La tensión no estaba en el marcador todavía, sino en el modo en que ambos equipos discutían cada metro.

Suiza tuvo más pelota y la manejó con una precisión que le dio control, aunque no siempre profundidad. No fue un dominio de fuegos artificiales; fue de orden, de circulación paciente, de saber esperar. Canadá, en cambio, no necesitó la posesión para sentirse cerca. Llegó más, cargó el área con insistencia y obligó al guardameta suizo a trabajar de verdad. Ahí empezó a dibujarse la paradoja del partido: uno parecía administrarlo; el otro, amenazarlo.

La vuelta del descanso cambió la temperatura. Apenas se reanudó el juego, Ruben Vargas encontró el golpe que Suiza había estado preparando sin hacer demasiado ruido. Un gol en el inicio del segundo tiempo no solo altera un resultado: también reacomoda la cabeza del rival. Canadá quedó obligado a perseguir, y en esa persecución se abrió el espacio que Suiza necesitaba para volver a morder. Jean Manzambi firmó el segundo y, de pronto, la tarde que había sido cerrada se inclinó con una contundencia casi inesperada.

Pero Canadá no se fue del partido. El banquillo se movió en bloque, el equipo ganó energía y empezó a empujar con una urgencia más clara. No era un asedio limpio, pero sí persistente. Los centros, los rechaces, las llegadas por dentro: todo empezó a caer cerca del área suiza. Jonathan David recortó la distancia y el gol metió aire donde antes había resignación. Desde ese momento, cada ataque canadiense tuvo algo de amenaza real y cada despeje suizo sonó a supervivencia.

Los números ayudan a entender el temblor de ese tramo final. Canadá terminó con más remates, más disparos a puerta y una presencia insistente dentro del área. Suiza, que había sido eficaz con poco, tuvo que sostenerse en su arquero, en la disciplina de sus centrales y también en una cuota de falta táctica: cometió 19 infracciones, muchas de ellas útiles para cortar ritmo y comprar segundos. No fue una defensa elegante, pero sí una defensa consciente del peligro.

El cierre se jugó con los nervios al descubierto. Suiza refrescó piernas, Canadá siguió lanzando cuerpos hacia adelante y Liam Millar acabó amonestado en un tramo donde la ansiedad ya pesaba más que la claridad. El 2-1 sobrevivió porque Suiza golpeó en el momento exacto y después aceptó el partido que le tocaba jugar: uno de resistencia, sudor y mirada fija al reloj. Canadá se quedó con la sensación amarga de haber hecho suficiente ruido para merecer algo más. Suiza, con la certeza de que en un Mundial también se gana cuando el rival te obliga a sufrir hasta el último aliento.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.