sábado, 1 de agosto de 2026
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Un 0-0 que se jugó con el cuchillo entre los dientes

Pachuca llevó el peso, Pumas resistió con diez y el partido terminó donde a veces nacen las tensiones más brutales: en los penales.

Un 0-0 que se jugó con el cuchillo entre los dientes
Un 0-0 que se jugó con el cuchillo entre los dientesFoto · Agencia LIGAMX

Había olor a noche grande desde antes de que la pelota empezara a correr. Pachuca tomó el balón, empujó el ritmo y se instaló en campo rival como quien decide que la eliminatoria se juega en su casa, aunque la cancha no siempre obedezca. Pumas, en cambio, eligió otro lenguaje: el de aguantar, cerrar espacios y apostar a que el reloj también juega.

La primera grieta llegó temprano y cambió el tono de todo. Nathan Silva vio la roja y dejó a los universitarios con un hombre menos cuando el partido apenas empezaba a acomodarse. Desde ahí, la visita dejó de pensar en atacar y se refugió todavía más cerca de su área. Pachuca olió sangre, pero no encontró el golpe. Tuvo la pelota, tuvo el territorio y tuvo más remates, aunque la mayoría murió lejos de donde de verdad importan las noches de eliminatoria.

El libreto se volvió incómodo. Cada avance de los locales chocaba con piernas, con despejes, con una estructura que se fue haciendo más compacta con el paso de los minutos. Pumas resistía con el corazón y con oficio. Pachuca, con sus 64 por ciento de posesión y una secuencia larga de pases, parecía tener el control de la escena, pero el control no siempre alcanza cuando falta precisión en el último gesto. La frustración fue creciendo al mismo tiempo que el cansancio.

Hubo un instante que pudo romper la noche y la rompió solo a medias: al 90, Salomón Rondón había encontrado el gol, pero el VAR lo borró del tablero. Fue una puñalada silenciosa para un equipo que ya había hecho bastante para merecer algo más que el empate. Del otro lado, Pumas respiró como respira quien se sabe todavía vivo. Sin mucho aire, sin mucho balón, pero vivo.

Y entonces llegó el tramo más cruel: los penales, donde la tensión deja de esconderse. Pumas empezó marcando, Pachuca respondió. Uno y otro fueron encadenando aciertos hasta que el fallo de J. Hernández dejó a los locales tambaleando. No hubo épica limpia ni belleza para colgar en la pared. Hubo nervios, golpe por golpe, y una definición que terminó inclinándose del lado universitario.

Pachuca hizo todo para ganar y no le alcanzó. Pumas sobrevivió donde casi nadie sobrevive. A veces el futbol no premia al que más insiste; premia al que aguanta el último latigazo y sigue de pie cuando todo alrededor ya parece perdido.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.