sábado, 1 de agosto de 2026
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Uruguay se queda atrapado en la valentía de Cabo Verde

Uruguay tuvo la pelota, los tiros y el empuje, pero Cabo Verde castigó con una eficacia feroz y rescató un 2-2 que sacudió el grupo.

Uruguay se queda atrapado en la valentía de Cabo Verde
Uruguay se queda atrapado en la valentía de Cabo VerdeFoto · Agencia LIGAMX

A Uruguay le sobró territorio y le faltó filo. Esa fue la grieta por donde se coló Cabo Verde, un equipo que no necesitó mandar para hacer daño, ni decorar su partido con posesiones largas para discutirle la noche a un rival acostumbrado a llevar el peso. En el escenario grande de la Copa del Mundo, el 2-2 no se explicó desde el volumen, sino desde la puntería y la resistencia.

El partido empezó con una tensión áspera, de esas que se sienten antes de que aparezca el juego. Una amarilla temprana para S. Lopes Cabral avisó que Cabo Verde no venía de paseo, y la de Rodrigo Bentancur, poco después, terminó de ponerle filo al cruce. Uruguay intentaba instalarse en campo rival, mover la pelota con paciencia y acumular centros, pero se encontró con un golpe seco: K. Lenini abrió el marcador y cambió el aire del partido.

El gol obligó a Uruguay a empujar con más urgencia. No siempre con claridad. Tuvo la pelota casi como una obligación moral, más que como una ventaja absoluta. Sumó llegadas, buscó por dentro y por fuera, ganó córners hasta convertirlos en una rutina de presión, pero durante un buen tramo chocó contra piernas, cuerpos y una defensa que se acostumbró a vivir cerca de su área. Cabo Verde, mientras tanto, eligió sus momentos. No tuvo mucho, pero cada aparición parecía tener veneno.

Entonces llegó ese tramo que suele cambiar torneos. Antes del descanso, Uruguay encontró el empate con M. Araujo y, casi sin darle tiempo al partido de respirar, A. Canobbio firmó la vuelta. Dos golpes consecutivos, de esos que desordenan cualquier plan y levantan al equipo que venía remando contra la corriente. La noche parecía haber girado hacia el libreto conocido: el favorito herido, la reacción, el control recuperado.

Pero Cabo Verde no aceptó ese papel. Movió piezas al inicio del segundo tiempo y volvió a discutir el partido con una calma extraña para quien acababa de recibir dos golpes tan duros. Uruguay siguió con la pelota, sí, pero la posesión no siempre abría puertas. Había circulación, había insistencia, había 16 remates en el registro final, aunque solo dos encontraron portería. Y ahí estuvo la paradoja: Cabo Verde también puso dos tiros entre los tres palos, y los dos terminaron en la red.

H. Varela hizo el 2-2 y devolvió al partido a una zona incómoda para Uruguay. Ya no alcanzaba con mandar; había que acertar. El equipo sudamericano volvió a cargar, metió a Manuel Ugarte y a F. Viñas para refrescar el impulso, y creyó encontrar el desahogo cuando M. Araujo apareció otra vez. Pero el VAR le puso el dedo frío al festejo: fuera de juego. El gol que habría reescrito la noche quedó reducido a una línea y una frustración.

Desde ahí, Uruguay fue ansiedad y empuje. Cabo Verde fue oficio, piernas y reloj. D. Borges vio la amarilla cerca del final, síntoma de un cierre en el que cada pelota dividida pesaba más que una jugada elaborada. Los uruguayos terminaron rodeando el área rival, con más centros que certezas, mientras Cabo Verde defendía un empate que valía por lo que decía del partido y por lo que insinuaba del grupo.

Uruguay quiso ganar por acumulación. Cabo Verde le respondió con precisión. Y en una Copa del Mundo, a veces dos golpes bien dados alcanzan para torcerle la cara al gigante.

Redaccion LIGAMX.com
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