sábado, 1 de agosto de 2026
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Colombia aprende a sufrir con el control en la mano

Un gol temprano de J. Arias le bastó a Colombia para eliminar a Ghana en la ronda de 32 del Mundial, en una noche de dominio, VAR y tensión hasta el cierre.

Colombia aprende a sufrir con el control en la mano
Colombia aprende a sufrir con el control en la manoFoto · Agencia LIGAMX

Hay victorias que parecen cómodas desde la estadística y estrechas desde el pulso. Colombia vivió una de esas: tuvo la pelota, ocupó el campo rival, remató hasta cansarse y aun así terminó aferrada a un 1-0 que nunca se rompió del todo. Ghana no la arrinconó, no la sometió, ni siquiera le exigió una atajada a su arquero. Pero el Mundial tiene esa forma cruel de convertir cualquier ventaja mínima en una pregunta que dura hasta el último silbatazo.

El partido se torció pronto en lo físico y se encendió todavía más rápido en lo emocional. Colombia tuvo que mover una pieza apenas comenzada la noche, con J. Córdoba involucrado en el primer cambio, y enseguida J. Arias vio la amarilla. Parecía una advertencia, una de esas señales que obligan a jugar con el freno de mano. Dos minutos después, Arias hizo lo contrario: apareció para marcar el gol que ordenó el partido y le dio a Colombia una ventaja que pesaría como plomo para Ghana.

A partir de ahí, la selección colombiana entendió que el negocio estaba en gobernar. No gobernar con ruido, sino con pase, con paciencia, con esa circulación que desgasta al que persigue y también puede impacientar al que la mira. El 61% de posesión no fue un adorno: fue la manera de quitarle aire a Ghana. Colombia juntó 586 pases y encontró caminos una y otra vez, aunque no siempre el último toque tuvo la precisión o la violencia para cerrar la noche. Veinte remates explican la insistencia; el marcador explica la angustia.

Ghana quedó atrapada en un partido incómodo. Defendió mucho, bloqueó lo que pudo y fue sobreviviendo gracias a su arquero, que respondió siete veces para mantener a los suyos dentro de la eliminatoria. No hubo asedio africano, pero sí resistencia. Y cuando un equipo resiste tanto tiempo, el rival empieza a escuchar fantasmas: el rebote suelto, la falta innecesaria, el centro que cae donde no debe. Ghana hizo cambios, buscó piernas frescas y empezó a cargar con amarillas que delataban más urgencia que control.

El momento que pudo liberar a Colombia llegó con L. Díaz, pero el VAR le quitó el grito por fuera de juego. Ese gol anulado cambió el clima. No el dominio, sí el nervio. Porque una cosa es manejar el partido con dos goles de margen y otra muy distinta es hacerlo sabiendo que cualquier accidente puede mandar todo al abismo. Desde entonces, cada ataque colombiano tuvo algo de oportunidad perdida y cada avance de Ghana, aunque terminara lejos, pareció una amenaza por el simple hecho de existir.

Colombia no dejó que el miedo le robara la estructura. J. Rodríguez entró al inicio del segundo tiempo, los ajustes llegaron con el desgaste y, ya cerca del final, también L. Díaz dejó su lugar en una señal de administración. Hubo oficio para bajar revoluciones, meter el cuerpo cuando tocaba y no regalar una transición limpia. Ghana terminó con ocho disparos, ninguno al arco. Ese dato, frío como pocos, cuenta la verdad profunda del partido: sufrió Colombia, sí, pero sufrió más por lo que no cerró que por lo que le hicieron.

Así avanzó en la ronda de 32 del Mundial: con un gol de Arias, con una noche de mando incompleto y con la lección escrita en la frente. En estas instancias, ganar bien no siempre significa golear; a veces significa sostener la ventaja cuando el partido empieza a morder.

Redaccion LIGAMX.com
Redacción en LIGAMX.com.